Encuentros cercanos con el bajo mundo…

En un dia normal dentro de los dias normales, los domingos salgo del trabajo como a las 11 y 30, y aqui las micros dejan de circular a las 10 y 30.

En vista de ese inconveniente, la gente debe movilizarse de alguna manera, y para eso, alguien con mucha imaginacion invento los colectivos.

Colectivos: Automovil particular pintado invariablemente de negro, con un anuncio triangular fijado en su parte superior, indicando con un numero el recorrido comun que frecuenta durante todo el dia, y durante toda la noche. 

Asi que tome el colectivo numero 17, que me deja solo a 7 kilometros y medio de mi casa, y venia feliz. Feliz de tener el primer relajo diario, y pensar nada mas en la cantidad de luces que pasan por las ventanas. Estaba feliz.

Bueno, estuve feliz hasta que subio “Aquel”, y se sento a mi lado.

“Aquel”, era propietario de una gran estatura ( pero para mi son todas grandes estaturas ), pelo negro, bien grasiento y sucio, algo enchochado, chaqueta de cuero negro, larga hasta las rodillas, pantalones anchos y negros, bototos enormes y peligrosos, muchos anillos en sus manos, y cadenas en lo que se le veia del cuello, y una fragancia que no dejaba lugar a dudas acerca de su innegable condicion etilica.

“Aquel” se sento a mi lado.

Me apresure a pegarme a la ventana.

“Aquel” se hizo mas grande y mas ancho. Y no queria pagar. Era sin lugar a dudas, un pato malo.

Pato malo: Ladron, lanza, manilargo, amigo de lo ajeno, rapido, flaite, punga, peluzon, bandido, antisocial, delincuente, asaltante, reducidor, traficante, contrabandista, cogotero. Dicese de la persona que subsiste gracias a medios No-honrados.

En el amoroso coloquio con el conductor, el “pato malo” le decia:

“Tate piola reconchetumare, si no ando na cogotiando sapo culiao, ya maneja no ma culiao que voy pa la casa a pegar la pestaña que toy raja mierda”.

Pero en otras palabras quiso decir:

Quedese tranquilo hombre, que despues le pago. No me encuentro delinquiendo en este momento asi que despreocupese amigo. Por favor, tenga la amabilidad de conducir, que debo llegar a mi hogar a dormir, que me encuentro muy cansado… si es tan amable…”

En ese momento, el “punga”, que estaba casi encima mio, me mira la mochila que tenia sobre mis piernas, y apaga la luz que esta en el techo. De su enorme y oscura chaqueta se buscaba algo en alguno de sus bolsillos, y el conductor prende la luz.

Se repite el coloquio, esta vez con muchos mas adjetivos.

Se apaga la luz.

Yo queria saltar.

Pero el queria A-saltar

Yo esperaba sentir algo pinchandome la guata, pero me salvo el chofer, porque prendio la luz de nuevo.

Coloquios nuevamente.

Derrepente el “antisocial” le dice al chofer que lo deje bajarse porque habia llegado a su casa, y el chofer no queria parar hasta que le pagara. Estuve a punto de pagarle yo, solo para que se bajara luego.

Pero mientras mas calles avanzaba el conductor, mas furioso se ponia el pato malo, y yo creo que fue mas por miedo, que por orgullo, el conductor lo dejo bajarse.

Por supuesto no pago nada. Pero se, y estoy seguro, que a pesar que no haya pagado nada, las 4 personas que estabamos en el colectivo, nos alegramos como diablos cuando lo vimos caminando por unas calles oscuras.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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