Las aventuras de un escritorio "made in Denmark"

Todo comenzo, un soleado pero frio dia de inicios de abril. Me encontraba yo saliendo del trabajo cuando mi amigo Luis me encuentra, me mira fijamente y me dice finalmente con voz segura y un tanto emocionada…

– Me compre un escritorio para el computador. ( Tambien se habia comprado un computador )

Y despues me dice:

– Pero viene desarmado. Hay que armarlo.

¿Y que hice yo el huevon? Le dije: Pero vamos, yo te ayudo a armarlo!!

Y partimos.

Resulto ser un travieso escritorio que habia huido profugamente desde europa del norte, especificamente Dinamarca, donde habian intentado armarlo y que por lo visto al no conseguirlo, lo empaquetaron, y lo hicieron cruzar uno o varios oceanos (dependiendo de que lado), para llegar acá, al sur del mundo.

Incluía adentro, un manual.

Por supuesto, en Danes.

“Førstegangsfødendes alder svinger voldsomt fra kommune til kommune”

No tuvimos que intentar traducir mas que la portada del manual porque afortunadamente los astutos daneses, comprendieron que no seria tan sencillo armar un escritorio entero segun indicaciones trogloditas de vikingos retrogrados y diseñaron un completísimo manual con sencillas indicaciones visuales como “aprete aqui, o martille aca”

Claro, hubiera sido todo muchisimo mas facil si tales peculiares constructores hubieran recordado incluir todas las piezas necesarias, pero NO. No lo hicieron. Dos veces recurrimos a “Don Lalo”.

Don Lalo: Personaje denominado colectiva y conjuntamente por todo el populus, el cual tiene la habilidad de realizar un oficio manual caracteristico que desarrolla algunas veces medianamente bien. No presenta titulo alguno, ni mucho menos estudios relacionados con el campo de su ocupacion, por lo tanto dicho conocimiento y habilidad ha adquirido voluntariamente (o forzosamente en muchos casos de herencias obligatorias), mediante el internacional y universalmente conocido sistema de Prueba y Error. Entre sus áreas de trabajo se incluyen electricistas, gasfiter, mecanicos, pintores, albañiles, constructores, y en este caso… ferretero.

Manos a la obra.

Teniamos infinidad de tablas repartidas en el suelo. Todas cuadradas, o rectangulares, y para identificarlas claramente, fueron denominadas segun su forma y tamaño originando nombres como: “la huevadita esa, o esa mierda grande”. Incluía también, clavos, algunos tornillos, piezas desconocidas y la pieza que denominamos inequivocamente: La warifaifa.

La warifaifa resulto ser una herramienta diseñada por algun Danes con demasiado tiempo, que cumplia la tarea de apretar un perno que juntaba dos tablas consecutivas, para no volver a separarlas en el resto de la eternidad. El perno apretado en cuestion, recibio el nombre del Warifaifo.

Les dejo una aproximacion probable del dialogo que pudimos tener en algún momento los dos retrógrados constructores:

– Oye huevon, pasame la cagada chica… no, esa no!!! Esa es la mierdita chica. Te dije esa, la cagada chica. Si… esa. Ahora pasame un warifaifo para ponerselo a la tabla… y la warifaifa… ¿Donde mierda esa cagada?

Armamos, rearmamos, desarmamos, y redesarmamos la cagada de escritorio. Al final terminamos armando el escritorio segun nuestro criterio ( que nunca ha sido muy bueno… ) y nos sorprendimos que los daneses pudieran haber invadido tantas veces inglaterra y encajarles a los ingleses un glorioso rey danes.

Llegó un punto en que francamente el escritorio nos anuló. No pudimos seguir, la ciencia artistica maderera de europa del norte nos pillo desprevenidos y fregamos. Tuvimos que revisar el manual de nuevo.

Y descubrimos con una enorme sopresa que habian diseñado un sistema a prueba de tontos para fijar tablas, que dificilmente se podria deducir, pero que estaba claramente detallado en el manual.

Nos borramos la cara de burro, y entendimos perfectamente como habian cruzado el mar, invadido inglaterra y tomarse el poder ingles, con un solo rey.

Armamos la basurita europea, nos abrazamos, nos tomamos unas cervezas, nos reimos, nos relajamos y despues nos quejamos como pequeñas alimañas comefecas malolientes:

Habia que deshacerse del escritorio viejo.

Y era un armatoste de la epoca colonial, venido quien sabe si en alguna carabela de cristobal colon, con madera que bien pudo haber pertenecido a la santa cruz. Nos armamos de valor, y subimos por las escaleras dicho ataud medieval al segundo piso… hubiera preferido comerme las mecas de un buey.

Pero el escritorio brillaba radiante en la pieza del luis. Resistió computador, parlantes, libros y leseras, y nosotros, fatigados pero contentos, nos sentamos a descanzar.

Fantasticos daneses.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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