Dia numero trescientos treinta y cuatro II: Llueve sobre mojado.

Ahora que me estoy aperando para la lluvia, lo unico que tengo ganas es de que llueva. Me voy a comprar un super extensivo mega supercumbirumbico equipo otoño invierno moda paris, a prueba todo: de rayos laser, fuegos bionicos, catastrofes nucleares, vendedores ambulantes, cobradores, insultos y desastres naturales.

Ahh, y tambien a prueba de agua.

Ademas abriga y es bacán.

Asi que si me sale tan caro, espero que llueva y mucho.

Hoy lleve mi bicicleta al doctor. Le instale unos hidroxiconvertidores de retroaccion inversa cuantitativa. Es un altamente sofisticado sistema de proteccion multiple que se usa sobre las ruedas para evitar que salte agua hacia la cara y la espalda cuando uno pasa sobre el agua.

Algunos insisten en llamarlos tapabarros, o guardafangos como dicen en otros paises. Pero para mi son los hidroxiconvertidores de retroaccion inversa cuantitativa, digan lo que digan.

Bueno, resumiendo cuentas, si has entendido bien, se viene el invierno y comienza la lluvia lluvia.

Estaba en la casa de la andy peleando, cuando derrepente se sienten unos golpecitos en el techo, y unos segundos despues, las miseras y podridas almas de los inutiles seres mortales corrompidos por la insensatez, clamaban a los dioses que se detenga la lluvia.

Caia agua del cielo como si no hubiera llovido nunca y el cielo estuviera deseoso de estallar. Llovia con rabia, con furia, con violencia. Y nos pillo a todos por sorpresa.

Afortunadamente mi papa me paso a buscar en auto y pude comprobar, no sin un horror atonito e informal, como la gente se descueraba de espanto mientras los siete infiernos se abalanzaban en forma de agua sobre ellos sin preguntarles nada.

Mi primera impresion fue de espanto, y luego de risa verlos a todos ellos como perritos mojados, el pelo pegado en la cara de las niñas, la ropa estilando y toda cuanta cuestion horrible que sucede cuando llueve, y yo seco como el sol.

Resulta que estaba en esas farandulescas actividades cuando estacionamos el auto, apagamos el motor, y de esas casualidades de la vida, que ocurren solamente contadas veces en la historia del hombre, el motor no partió nunca mas.

El infierno mojado se reía de mi en mi cara, porque el auto que me protegía de el, no funciono nunca jamas. Murió la batería, expiro, caduco, inservible trasto inútil, no partio mas.

Ahora la gente mojada pasaba a mi lado, y yo tan mojado como ellos, empujando un auto inutil, bajo la lluvia, sacandome las gotas de la cara, y aguantando calladito y en silencio como las gotas heladas se metian por mi espalda.

Ya no tenía tanta risa.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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