Da lo mismo apurarse…

Ayer me llamo por telefono, un tipo del Bci y su mensaje fue mas o menos este:

– Oye, esta listo el cheque del banco para que pagues tu Universidad.

Y claro, me levante para ir a buscar el cheque para adivinen que…

Para pagar mi universidad…

Reconosco que sali un poquitito justo de tiempo, pero tambien debo reconocer que por mi lado andubo todo bien. Dada las cosas fui en auto, y eso sumaba preciosos minutos a mi favor.

Todo bien, el trafico tranquilo, los semaforos gentiles y cuando llego al Bci, estaba el pelotudo mirando un cuadro. No espere mucho antes de que se diera cuenta que estaba yo esperando el chequesito. Bueno, se habia dado cuenta ya que estaba ahi, pero debio haber considerado que era un cuadro muy bonito.

Se levanto y me dijo que fuera a hablar con otro baboso. Me dio el nombre, y era de esos nombres que no recuerdas. Fui a hablar con el baboso ese, y no estaba. Quise enviarlo a chingar a su madre pero aun no era el momento, todavia me quedaba paciencia.

En su lugar, me atendio su secretaria. Y ella botó por el suelo la creencia que tenia yo, de pensar que hace tiempo atrás habia conocido a la persona mas estupida. Ella violentamente le arrebató su lugar y se adjudicó orgullosa su premio. Me pregunto que queria, le dije. Me pregunto quien era, le dije tambien. Me pregunto que queria de nuevo, le repeti y me pregunto quien era de nuevo, y le repeti de nuevo. Por ultimo me pidio mi carnet de identidad, quizas no confiando en lo que le decia.

Yo miraba al reloj con desesperacion y al mismo tiempo a ella con odio. Despues de un rato me dijo que mi documento no existia y yo aprete las manos como imaginando que entre ellas estuviera su cuello, y despues de una eternidad me miro con una cara de retrasada y con una risa demente me dijo:

– Uy perdon, aqui esta.

Despues, la irresoluta, buscaba infructuosamente un libro para que lo firmara, y cuando se abrio el cielo y descendio por los aires, lo firme, le escupi en la cara y corri como un angel de castigo en el infierno.

En las calles me confundia con un psicopata desquisiado hasta que llegue a la universidad. Me bajo del auto, corro como un degenerado, y cuando llego a la ventanilla de pago, me pareció reconocer una sonrisa familiar:

– La sonrisa demente de una mujer descerebrada.

Y con esa sonrisa absurda, se pierde debajo de un mostrador y aparece de nuevo en la ventana, con un letrero azul que decia: Cerrado.

El vidrio era antibalas, de un grosor superespecial, pero eso no evitó que mi mirada iracunda, fulminara de un paraguazo su estupida sonrisa. Me miro con una expresion que iba entre la incredulidad y la ignorancia ( mas ignorancia ), y seriesita como estaba, se dio media vuelta al comprender que mis ojos quemaban.

Es lo que pasa con las descerebradas.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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