Hay que ser un esquiador suizo.

Ella pasó por la caja del frente. Era INCREIBLE. Una de las creaciones mas perfectas dentro de las maravillas del gran hacedor.

Orgulloso se debió haber sentido Dios después de crearla, orgullosos los ángeles que la bajaron del cielo, y orgulloso el doctor que la vio por primera vez en la tierra.

Era linda.

Y estaba parada al frente mio. En ese momento de distraccion, me puse a pensar…

¿Que o quien tenia que ser, que tenia que tener para despertar sonriendo junto a ella cada mañana?

¿Que clase de deidad celestial deberia ser para compartir largas horas de interminables conversaciones hasta que la muerte nos separe?

¡¿Que simple especimen mortal seria digno de ella?!

En eso, la respuesta surgio ante mi con nombre y apellido. Era el: Stephan Johansen: Alto, atlético, esbelto, gallardo, altivo, digno, esotico, un perfecto principe charming. El perfil clasico de un esquiador de los alpes, un semental suizo echo y derecho.

Perfecto el hijo de su chingada madre.

Y la abrazaba.

Después me miré a mi, y me dieron ganas de llorar. Me console pensando que de seguro yo era mas simpatico, pero lo vi hacerla reir y me fui al carajo. Lo soporté cuando me dije a mi mismo:

Ahh, pero el no tiene blog.

Pero aparte de esto, también me di cuenta de otra cosa… el no parecía sentirse tan orgulloso de despertar junto a ella sonriendo cada mañana…

Estoy seguro que era gay.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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