Carajos punzantes…

10 horas despues…

Caminaba como ebrio, cansado hasta en el pelo, con el alma desecha y la moral en el suelo, rumbo a mi universidad para recoger mi bicicleta. Tengo mi primer encuentro cercano con el hombre uniformado encargado del orden y seguridad del establecimiento, quien me dice:

– Huevon.

– Presente maestra…

– Huevon ( me repite ), tenias que amarrar la bicicleta en el candado 29 y no en el 26.

– aaaaahhmmmm… ( con voz de estupido )

– Pero no importa, te pasamos la llave del candado 26 a cambio de la del 29, ¿entiendes?

– perfectirijillo…

Todo iba excelentemente bien, hasta que el guardia me mira con “cara de circunstancias”

– La única llave que falta es la numero 26, ven a ver – me dice

 En una pared colgadas hay 45 llaves y en el lugar de la 26 hay una gran X ).

– Ah pero no importa, tenemos las llaves de repuesto en ese enorme llavero que cuelga ahi, busquemos la 26… Si mira, aquí esta la 24… esta es la 25… la 27… la 28… MIERDA, LA 26 NO ESTA!

Transpiración en las manos.

Ya se me estaban cayendo la caca, cuando alguna vez escuche por ahí, un consejo que me abrió muchísimas puertas, o me las cerró todas:

“Una vez que hayas perdido todas las esperanzas, aun te queda molestar”.

Pedí el inmenso manojo de llaves para probarlas todas, a ver si la divina providencia me hiciera dar con una llave que le sirva. Ahí yo, el imbécil, en plena oscuridad, intentando meter cada puta llavesita en el puto candado de mierda, con la vaga y mínima esperanza que los fabricantes de candados del mundo, fueran lo suficientemente tarados para hacer pocos diseños de llaves para sus putos candados de mierda.

Ya tenia la firme convicción que las había probado todas, juro que estuve mucho rato, mas del rato necesario para darle una vuelta y media entera al manojo entero de llaves. Y cuando la esperanza que yo tenía, valía tanto como una montaña de caca de burro, el candado hace…

– CLICK!

Y tate que se abrió. Del cielo brotaron inmensos haces luminosos de luz divina que me bañaron en su estela idílica de fervorosa e inmensa gratitud.

Tomé mi bicicleta, la abracé con amor, les entregue sus jodidas llaves, aceite para que se las metan por el culo, y lentamente bajo las tenues luces de un domingo en la noche, hice lo que debía hacer…

… pedalear en la oscuridad.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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