Sobre juegos y estupideces…

Cuando venía para mí casa, me encontré con un conejito.

Si… ya sabes que vivo en el campo. Y también sabes que si llego a mi casa, es porque es muy tarde…

Y si… los conejos normalmente pelotudean de noche.

Y este, al igual que los demás, al verme se sentó en la tierra y paró las orejas. Yo no sé la iba a hacer tan fácil así que traté de alcanzarlo, y cuando lo alcanzaba, él corría más allá y me esperaba sentado en la tierra y con sus orejas paradas.

Ahora pienso en el pasado y recuerdo cuando jugábamos de la misma manera, sólo que el juego terminaba de otra forma…

… yo estaba armado, y el seguía jugando.

Ahora pienso en el juego que nunca supe jugar, también en la cantidad de veces que aprete el gatillo, y después del humo, una estúpida sensación de alegría, que nunca supe identificar.

Quizás, sería mi propio juego, el de creerme Dios y elegir con mi absurdo poder, quien vive y quien no…

Comprobé conmigo mismo, como el hombre destruye con tanta facilidad y eficiencia, lo que ha sobrevivido millones de años. Ahora pienso en mi estúpido juego y lo estúpido que fui.

Se que he madurado, y gracias a eso, estoy tratando de evitar que esto siga ocurriendo.

Se lo que te estoy diciendo…

… no seas un estúpido también.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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