Welcome to United States

Bajò el avion. Un aterrizaje como las huevas. Todavia estaba de noche en atlanta, y ya nadie sabia que hora era en realidad. Tomamos todas nuestras porquerias, les pasamos sus porquerias a los otros, y cuando teniamos todas nuestras mugres en la mano, ahí que se viene el choclon. Los diseñadores de aviones deberian haber pensado en que cuando aterriza un avion, todos los huevoncitos se quieren parar al mismo tiempo, porque tate que se viene el embotellamiento; Todos con cara de sueño, tratando de separarse de sus frasadas, y limpiarse las manchas blancas de baba seca, tratan de salir al mismo tiempo del avion.

Y el avion del orto, tiene una sola puerta.

No, en realidad tiene varias, pero salir por cualquier otra, equivale a mandarse un suelazo de 9 metros de altura contra la loza del glorioso aeropuerto norteamericano. Pasamos por la puerta, y algo no cuadra. Hay algo extraño. Nos preguntamos que es, y cuando el cuerpo da la alarma y la procesa el cerebro, ya tenemos la respuesta.

FRIO HUEVON, FRIO!

Y ahí viene la curiosidad de subirse a un avion en verano, y bajarse del mismo cabron en invierno. Y la polerita que traes puesta te abriga un carajo, y el chaleco que tienes encima, te vale madres.

Aguantarse cabros, hay que ser valientes.

Salimos del pasillito y lo primero que vemos: Prohibido tomar fotos, o hacer huevadas raras. Y de nuevo empieza la farandula… sacar pasaporte, guardar pasaporte, sacar documentos, sacar pasaportes, guardar documentos. Golpearte la cabeza porque se te olvido guardar el pasaporte. Sacar el pasaporte. Despues de 45 minutos del espectaculo de la internacion, viene la emocionante faena de recuperar tu maleta.

Es re entretenido… te paras como un cabron del orto en una banda y eliges una maleta que sea linda y que se vea cara. No importa que no sea la tuya. Y corres como un enajenado por el aeropuerto evadiendo las balas de los enormes negros que las cuidan.

Si… eso me hubiera gustado hacer. Pero como soy huevon, solo tomo mi maleta barata llena de calzoncillos con caca y con toda mi cara de idiota la arrastro por los pasillos. Pasas por una entrada donde hay un pelotudo con cara de mal amigo, que te complica la vida solo porque puede. Sabe que vales un carajo y que dependes de el. Te hace preguntas estupidas, con mal acento y cara de ‘soy el culo del mundo’.

Luego, tienes que tomar otro avion. Y esa es una farandula tambien, no menos interesante… como arrastras una maleta enorme, los negritos te piden que se las dejes para que ellos la pongan en un avion. Y tu como huevon, confias. Claro, tampoco te quedan muchas opciones.

Y una vez despedida tu maletita, partes de nuevo, como una ridicula oveja a pararte en otra fila. Al principio la fila es larga, y no cachay mucho, pero cuando empiezas a ver a donde vay, sientes algo que va entre la risa y la indignidad… En una fila, estan parados todos los boludos, sacandose todo. Incluidos los zapatos. Y ahí, igual que en el baño, todos, ricos, pobres, viejos, jovenes, flacos y gordos, todos caminando a patita pelada, indignamente con una caja de plastico para dejar tus pencas cositas, y los zapatos en la mano… asi como con cara de pena.

Me hubiera encantado tomar una foto, pero corria riesgo de alojar una bala en mi trasero. Me saque mis zapatitos, toda la parafernalia farandulera, y nueeevamente, todas mis cosas a la banda de rayos X. Pero no importaba para mi bolsito, porque ya era un veterano. No le iban con cuentos. Al otro lado te vistes de nuevo, te pones el cinturon, guardas tu pasaporte, te pones los zapatos, guardas tus inmundicias, y te alejas rapidamente…

… porque es terrible el olor a pata. Y luego viene lo bueno.

Estamos en atlanta. Un aeropuerto ubicado quiensabe donde, en un lugar totalmente alcalino, en ninguna parte. Y tienes que encontrar la puerta de embarque B 20… B 20, suena cerca.

MENTIRA!

Habia un metro en el aeropuerto para llevarte al famoso Gate B, pero no lo quisimos tomar porque según nosotros “quedaba cerca”.

MENTIRA OTRA VEZ!

Caminemos…

HUEVONES!

El siguiente vuelo salia en 20 minutos, y nosotros “ibamos cerca”. Llegamos a la puerta de embarque D. Y el famoso trencito que nos sacaba la lengua. Caminemos no mas cabros, si debe ser ahí a la vuelta. Debio haber sido por lo menos uno o dos kilometros. Era tan encabronadamente largo, que habian escaleras mecanicas horizontales para que la gente no camine tanto… cachate. Asi estan de flojos los gringos… por eso estan asi de gordos. Despues de mucho caminar y matarnos a garabatos llegamos a la famosa puerta y ahí estaba el cojonudo del avion.

Un meca de avion. Chico y destartalado. Mas chico y destartalado que el anterior.

Miramos por la ventana, ahí estaba atlanta, por lo menos el aeropuerto. Y de nuevo el saludo del pelotudito del piloto y las tonteras de rutina y procedimientos de emergencia. Motores, otra vez, movimiento, otra vez… mire por la ventana el aeropuerto, pero ya no habia a nadie a quien buscar. Le hago un desprecio a atlanta y a todos los atlantenisinianos y here we go…

Adios atlana.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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