Año nuevo, vida nueva en Yuesei.

Pasamos al supermercado a comprar una botella de ron. Una sola, pero de 3 litros, bebida y huincha aisladora, para tapar la ventana que me eché: Partíamos a Madison, a pasar el año nuevo. Nos duchamos, equipamos, emperifollamos, preparamos la van, la sellamos, la adornamos y la cargamos. Primero pusimos el hielo, despues las bebidas y despues el ron.

Y despues, la cargamos con un monton de gente. Dieron las nueve de la noche, paramos en la carretera y feliz año nuevo chileno. Abrazos, copetes, mas abrazos, mas copetes, y todos arriba de la van.

A Madison. De pelicula.

Paramos la caravana para hacer pichí en la nieve, y cuando ibamos poniendo el punto de la i, aparece el ovni: luces azules y rojas por todas partes. La inequivoca presencia de la autoridad estatal patrullera policiaca.

– Cagamos.

Fue lo unico que se alcanzó a decir en el momento en que volaban vasos y botellas, y se daban vuelta vasos y botellas, y se derramaban hielos hasta que apareció por la ventana. Nos rajamos solo porque soy un mal ateo.

Madison es una ciudad cuatica. Es como una isla rodeada por dos lagos congelados, y para entrar, hay una carretera que es como un puente que los corta justo por en medio. Encontramos un estacionamiento gratis, que de por si, ya era bastante raro. Dejamos el auto, y empezamos a poner los vasos y botellas en el techo. Como lo haciamos en Chile…

… pero no estabamos en chile.

De entre las sombras, emergio un chinito de cara gorda vestido como paco gringo con toda su parafernalia policiaca. Cuando nos ve, por primera vez en su vida pone los ojos redondos, de la pura impresión. Se pone a gritarnos y que como se nos ocurre que eso estaba prohibido, y el infierno y la pena de muerte. Dejó de gritarnos un rato solo para mirarnos, hasta que le cayó la teja y preguntó:

– Y ustedes, de donde son?

Y como eramos de un montón de paises, le contestamos que no eramos de acá. Peor. Que en América HAY leyes que respetar y que América esto y américa lo otro, y no se callaba nunca, y dale con molestar. Nos apuntaba con su linternita-luma, mientras hablaba y era tan potente que era suficiente para derretir el hielo. Cada vez que a uno le apuntaba con su lucesita de mierda, uno ponia cara de estar comiendo limon.

Cuando ya parecía aburrirse de retarnos, empezó a botar los vasos del techo del auto mientras gritaba:

– Voy a hacer como que no vi nada!

Seguía botando los vasos al suelo, y dale con repetir que no vio nada. Ya estabamos pensando en que mejor viera algo, porque nos ibamos a quedar sin copete, cuando se le prende una ampolleta y nos pregunta si el auto en el que estabamos apoyados era nuestro.

– …

Y se puso a gritar de nuevo, y se agarraba el pelo cuando preguntaba “Y de quien es!!” Solo después se dio cuenta que eramos muchos y otro auto era necesario. Preguntó donde estaba el otro auto y nadie lo pescó…  todo el copete estaba guardado en la van. No había nada mas que hacer que mirarlo con ternura. Se aburrió finalmente, se largó al carajo y volvimos a sacar todos los vasos.

Ibamos caminado borrachos por la calle gritandoles a los gringos en todos los idiomas conocidos y en varios inventados, abrazando desconocidos por todos lados, gordos, flacos, peludos y pelados. Vi unos negros gigantes disfrazados de raperos neoyorkinos con esos pantalones anchos que arrastran por la nieve pegada en el suelo. De puro mono, les grité un Feliz Año Nuevo a todo chancho.

Derrepente grite a unos gringos que iban por la otra calle, feliz anio nuevo de todos los sudamericanos, y dos negros feos, bien feos, vestidos como raperos neoyorkinos, se dan vuelta y empiezan a cruzar la calle hacia mi corriendo. Nunca pensé morir así, pero tampoco me quise achicar con los negros gigantes, así que crucé la calle también para encontrarnos en el centro. Cuando nos encontramos en la mitad de la calle, uno me envolvió en un abrazo gigante de oso obeso y el otro le dió por levantarme en el aire. Les pregunté por que tanta buena onda?

Me contestó que una amiga de su mamá era Puerto Riqueña.

Nos metimos a una disco y fue cambiar de mundo. Salimos de ahi rapidito, porque los gringos se acuestan temprano, y la forma en que bailan es para terminar echando humo. Llego la noche noche, y habia que irse para la casa.

Como Manuel nació sabiendolo todo y nunca ha tenido que preguntarle nada a nadie, se cree la raja y te trata como si fueras un perro. Nosotros sabiamos que la van estaba estacionada para alla, y manuel decia que para el otro lado. Ya no estabamos para entrar en discuciones con manuel, que cuando nos hace de guia turistico, llegamos a cualquier lugar, menos a la fueramos. 

Asi que le dijimos: Ya manuel, nos encontramos alla.

A la van llegamos nosotros, y manuel no.

Es que el sabía, y nosotros no.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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