Por trabajar monotonamente…

Trabajando monotonamente derrepente recorde cuando chico cuanto odiaba el museo de Punta Arenas. No se si era terror, pero era un espanto tener que entrar y ponerte zapatillas de lana sobre tus zapatos. Para mi eso era lo peor de lo peor, y ponermelas era un calvario.

Odié a ese museo, por sus zapatillitas de lana.

Pero pienso hoy dia, con cuantas ganas me vestiría con zapatillitas de lana con tal de poder estar en ese museo, consciente de su belleza.

Freud le tenia miedo a los helechos.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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