Caracterizacion continua de un problema global.

Se nos fue el Feña.

Si. Estaba aburrido del frio y estaba endemoniado porque dijo que cambiarse a Jefferson, había sido el peor de los negocios. Andaba con malas pulgas, mañoso y peleador y a cada rato nos amenazaba con que se iba a volver a Chile.

– aaaandate po!

Y se fue. Lo fuimos a dejar al aeropuerto un sábado. Fernando odiaba la nieve y aunque no quedaba nada ya, justo el dia que se fue empezó a nevar de nuevo, como si Wisconsin le estuviera diciendo… mira lo que te estas perdiendo, por huevón.

Pero igual nevó poquito.

Esa semana encontré el trabajo de Freedom, y no… no tiene nada que ver con William Wallace. Lo encontré gracias al Coke con la marcia. Ellos dos viven con luigi, que es el que me consiguió el alojamiento con Juan el mexicano, en Fort Atkinson. En la casa estabamos solos con el pato. Bastante buena y tranquila la relación, ningun problema.

Un dia, el Pato fue a lavar ropa, y yo me quede en la casa viendo tele. Empece a ver una película y estaba muy buena… pero de repente vi de reojo una luz. Debo reconocer que me hice el leso porque la pelicula estaba buena. Pero justo despues de la luz, se escucha un torrente de agua desde el cielo, como si no hubiera llovido nunca.

Y el cielo se lleno de luces.

Igual que en las películas, el rayo se escucha junto con el trueno, porque caen ahí mismo encima de la casa.

Después del décimo rayo, ya estaba disfrazado de acquaman. Caminando entre la nieve del jardín, que se dibujaba mientras caían millones de gotas de agua encima, miraba al cielo viendo como los mil infiernos estallaban de ira. Y mi estupidez tenia un dobleobjetivo: aparte de arriesgar irresponsablemente mi vida bajo un cielo decadente en explosiones sin sentido, tenia que darle la prueba de fuego a mi equipo completo de ropa abrigadora y antiagua.

Y mientras los ejércitos de satanás desataban su furia en el cielo, yo caminaba con mi parquita nueva y superpoderosa, mis pantalones inmortales, mis guantes magnánimos interestelares y mis zapatillas omnipotentes. Todo a prueba del frio y del agua. Sentado en una banca, bajo una lluvia como si me estuvieran manguereando, rayos explotando en el cielo, a tres metros de un rio congelado, bajo un puente iluminado en un pueblo muy parecido a las ciudades europeas, fui feliz.

Fui feliz, como no recuerdo tantas veces.

Y mi felicidad era tanta, que no cabía dentro de mi era tanta, que tuve que gritarla. Y mientras me reia de mi felicidad, me reia de mi, y de mi sencillez, que me hace contentarme con tan poco.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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