Conservacion cosmopolita de una caracterizacion unanime.

Cuando llegué al estacionamiento de la nueva casa, justo venia llegando el Coke con la Marcia. Nos metimos todos a la casa, y un calor tan rico, tan agradable, todo tan espacioso, todo alfombrado, todo perfecto. Mi pieza, una delicia. No había cama, pero había colchón inflable que es mucho mejor, me pasaron un saco… y a la ducha.

Una delicia otra vez. Todo limpio, todo blanco, alfombrado, el agua perfecta, caliente como para endurecer un huevo, con harta presión, el rato que uno quiera.

Ahora había que ver con quien estaba viviendo. A ellos ya los conocía… El luigi, el coke y la Marcia, que vivían al lado mio en Baraboo en el hotel. Las cosas estaban mal para ellos allá, así que se vinieron a Jefferson a encontrar un trabajo mas seguro.

Al principio, las cosas aca igual estuvieron mal para ellos. No había forma de encontrar alojamiento. Alguien se acercó a preguntarles por qué andaban tan tarde caminando con maletas y bolsos, y cuando supo que no tenían alojamiento, los invito a los 3 a vivir a su casa por una semana hasta que encontraran por donde quedarse.

Gratis. El país es el malo, las personas pueden ser la raja.

Con el Coke desde el primer momento supimos que seriamos amigos de esos, de los buenos. Ya me tiene considerado para un montón de planes y aventuras que quiere hacer, y yo ya lo tengo invitado para un montón de planes y aventuras que quiero hacer yo. Tenemos los gustos muy parecidos, y somos fanáticos de la misma música. El esta enfermo por aprender a tocar guitarra, y yo enfermo por tocar una… asi que se la compró. De repente, cuando no estamos demasiado cansados, nos escuchamos los dos tontos lesos, en la pieza cantando todas las canciones que nos sabemos de sui generis. El también esta muy conectado con la naturaleza, quiere salir conmigo cuando recorra los bosques y las montañas en bicicleta. Lo introduje seriamente en el rock clásico argentino de los 70, del que poco conocía. El Coke es un siete, vive y  deja vivir. Me escucha, me entiende, me pone atención, es respetuoso, es educado, y alegre.

Nos ponemos a dormir sin dar mas de cansancio, y cuando apagamos la luz, seguimos conversando muertos de sueño. Nos decimos ya, buenas noches montones de veces, y cuando uno se esta quedando dormido, de repente se escucha una risa y la pregunta… ¿y ahora que? Los dos riendo de nuevo.

La casa es un departamento grande, alfombrado entero, con un balcón que da al río. Es tan caluroso, tan terriblemente caluroso, que me falta poco para andar en pelota, y a veces dormimos con la ventana abierta. Tiene una buena cocina, aunque es un desastre porque nadie lava nada, y solo se lava lo que se va a ocupar. Luego se deja sucio para el que venga después. Por eso, está echa una porquería.

Pero me habitué rápido al sistema.

A lo único que me cuesta acostumbrarme es a la podredumbre que se forma, porque no botan la comida vieja a la basura. Cuando llegué yo, estaba fascinado mirando una bandeja llena de pollo, a la espera que le salgan los gusanos. Estuvo tres días ahí en el lavaplatos descomponiéndose y cuando notaron que yo le dedicaba demasiada atención, me obligaron a botarla. Lo único que conservo es un poco de carne envasada al vacío que se quedo afuera del refrigerador por siempre, y no se que complicado proceso bioquímico ocurre en el interior, pero esta liberando una enorme cantidad de gases. Entonces el envase que fue hermético y sellado al vacío, esta como un globo de hinchado y a punto de reventar. Lo metí en una bolsa y lo escondí en el balcón para analizar el procedimiento… pero cuando se enteraron de mi experimento me mandaron al carajo.

Cada bolsa es una bolsa de basura, y esta lleno de bolsas llenas por todas partes. Todas están abiertas, y todas tienen la mitad de la basura en el suelo. Pero como no soy asquiento, no me incomoda tanto la podredumbre que se siente cuando entras a la casa. Rapidito te acostumbras al olor a mierda y dejas de sentirlo. A los 30 segundos se te olvida que estas viviendo en un vertedero.

Aunque no me molesta, tengo poderosos genes maternos que me dominan y en la fabrica, conseguí un paquete de bolsas industriales de basura que son enormes. Así que cuando llegué a la casa, agarré cada bolsa que encontré tirada en el suelo a medio botar, y las reuní a todas en las grandes que traje. Así puro recogiendo mugre, llene dos bolsas grandes industriales que cerré con harta fuerza, y las deje amontonadas en un rincón.

No me alcanzo tanto el patriotismo para sacarlas para afuera.

Sea como sea, deje una bolsa grande de basura para cada sector de la casa. Así los nenes no las van a llenar tan luego y van a dejar de tirar basura en donde sea que caiga en el suelo. Cada vez que voy a la cocina, aprovecho de botar los tarros vacíos de conservas que quedan encima de los muebles, las bolsas y cajas de comida y las botellas viejas o plásticos mugrientos. Claro que mi nobleza no da para manifestarse lavando toda la loza. Sería ridículamente inútil.

¿Quieres comer? Necesitas una olla! Entonces vas, y escarbas en la mugre, y aparece la olla. Normalmente no demoras demasiado porque suelen ser bastante grandes. Ahora si lo que necesitas, es una cuchara, esa ya es una tarea mas complicada. Por lo general se van deslizando al fondo del fango acumulado en el lavaplatos en cada cosa que sacan o ponen, donde terminan enterrándose en esa masa espesa, liquida y putrefacta de comida vieja que se perdió en el camino al basurero.

Pero esta todo bien, todo es perfecto. Hasta ahora no he visto ninguna pelea, a pesar que dicen que pelean siempre. Nunca nos falta nada que hacer, porque tenemos dos teles, play station, películas, y bueno aunque tengamos bailarinas, no sacamos nada porque nunca estamos en la casa.

Si esta casa estuviera en Chile, seguro seria carisima, porque esta a la orilla del río y tiene una playa la raja.

A veces se nos quedan las llaves adentro o el que las tiene se fue para otro lado, y ahí un pelotudo tiene que escalar por el fierro del balcón que es bastante alto, meterse por la baranda, y entrar por la puerta de la ventana que siempre esta abierta para evitar tanto calor, y ventilar la podredumbre.

Nuestros días son bastante rutinarios. De echo no cambia nada. A veces nos decimos chistes como preguntándonos: y hoy… ¿que vamos a hacer? Salimos del trabajo a las 3 con 30, y a las 3 con 35 ya estamos en la casa. Es que vivimos al lado de la fabrica. Para levantarme en la mañana, solo 10 minutos me alcanzan. Llegamos a la casa, nos sacamos los zapatos, nos ponemos las zapatillas y en 10 minutos estamos en el auto. En 20 minutos mas, estamos en fort Atkinson y en dos minutos mas, estamos en la Dwight Foster.

La Dwight Foster, es la biblioteca púbica. O sea publica. Y ahí nos quedamos toda la tarde, hasta las 9. Entonces hay que considerar que llegamos entre 4 y 5 y yo tengo derecho a ocupar una (1) hora de internet diaria. Si todo sale bien, y Warren no esta presente, podría alcanzar a aprovechar esa hora, y contestar casi todos los correos que me escriben, y mas o menos, una o dos veces a la semana, cuando no le escribo a nadie, me pongo a actualizar esta meca.

Sea como sea, es una hora y en cuenta regresiva. Al final de la hora, se corta todo. A veces cuando no hay mucha gente, y las viejas dinosaurias que atienden la biblioteca están por allá lejos, ocupo la tarjeta de algún amigo y me quedo otra hora mas.

Pero eso es bien incivilizado acá. Así que no siempre lo hago.

Afortunadamente, esta es una biblioteca, y dada las circunstancias lo que son, yo adoro leer… así que me apotrinco en el sillón mas cómodo de todos, ojala cerca del fuego y me pongo a leer mi infaltable National Geographic, que tienen todos los números de la vida.

Y ahí me quedo babeando fascinado hasta que dan las 9. A esa hora cierra la biblioteca, entonces voy a la sección DVD, elijo una película y la llevo a la casa.  Acá las viejas me adoran… siempre me adoran las viejas, nose porque será.  Ayer estaba yo muy cómodo leyendo en un sillón junto al fuego, con mis audífonos enchufados en las orejas, cuando llega una de las viejas bibliotecarias y me dice:

– We are closing.

Lentamente y con cara de enojado porque estaba a la mitad de una expedicion que buscaba unas cuevas en la selva de borneo, las empiezo a retar y de repente se escucha un…

RUACATUM!

Algo se había caído en el sótano. Las viejas se miraron entre ellas y una dijo: estamos todos aqui… no hay nadie abajo. Y todas las viejas se pusieron blancas. Yo bien serio voy y les digo:

– Aaaaaah… entonces es el fantasma!

Y las viejas se miraron.

– Todas las bibliotecas tienen su fantasma… ¿no sabían?

Una preguntó – ¿y quien sera nuestro fantasma? Y otra apuntó un cuadro arriba de la chimenea, donde salia una vieja que era como una combinación progresiva de todas las viejas al frente mío. Tan vieja que cuando la pintaron estaba casi tan vieja como todas estas viejas juntas

– Debe ser ella.

Otra vieja dijo: para mi que es Dwight.

– Seguro que es el – dije yo – si yo tuviera una biblioteca para mi, seguro seria su fantasma. Y como estoy todos los días acá… ya soy el fantasma diurno de la biblioteca.

Quedé yo como el fantasma de la Dwight.

Simpáticas las viejas.

En un cafe, de los muchos cafes que hay en el mundo, en una ciudad, de las muchas ciudades que hay en el mundo, escribo estas lineas… para ti.

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