Despues de dormir un rato…

Creo que fueron algo asi como dos horas y algo antes de que me despertara el despertador ( “me despertara el despertador” ) para ir a ver Lost: Una semana esperando el capitulo y resulto ser una buena mugre.  Luego me toco la cara y tenia una roncha al lado de la boca.

– No puede ser… ¿¿otro zancudo me cagó mientras dormía??

No si yo debo ser exquisito…

Todo bicho que tenga la osadía de alimentarse de mi, debe sufrir las consecuencias. Llegaron los comerciales, y parti furibundo a mi pieza. Entro, cierro la puerta  para que no se me arranque el maldito y enciendo todas las luces.

Dos.

Y no tuve que buscar mucho… en exactamente la misma posición donde había aplastado el de la noche anterior, se encontraba el carajiento chupasangres. Pensé que quizás estaba lamentándose en la tumba de su padre jurando vengar su muerte, o quizás se estaba dando un festín con los pedacitos que quedaron del anterior embadurnados con mi deliciosa sangre.

Sin importar la razón por la que estuviera en ese lugar, no me dediqué a darle muchas vueltas antes de que se me arrancara el cabrón, y le azoté un feroz manotazo donde debería haber estado en el momento en que le solté la mano.

Nadie se traga mis globulos rojos y vive para contarlo.

Saqué la mano y no habian mas que los restos del anterior. Quizá el golpe fue demasiado sorprendente y lo envié a la siguiente dimensión, o cayo al suelo, pero eso hubiera significado revisar debajo de mi cama y la comprobacion del asesinato no tenia tanta importancia. Cuando me sente aqui a escribir la noticia de su muerte, no se si es una jugarreta del destino o una maldita premonicion de otra noche de espanto, se paró en la pantalla otro zancudo, o el mismo de hace un rato que logro sobrevivir a mi furia desencadenada.

No le daré muchas vueltas para averiguarlo porque estaba con fuero papal: No podía golpearlo directamente sobre la pantalla, asi que le regalé un par de minutos de vida para que pensara en el grave error que había cometido al meterse conmigo.

– Zancudos del mundo escúchenme con atención: Sus horas están contadas.

Pasó volando delante de mis ojos el muy valiente. Inmediatamente se arrepintió de haber cometido tamaño error, porque cuando vio mi mano hacia el como el zarpazo de un lince alcanzo a decir:

– Uh oh.

Pero ya era demasiado tarde, recuperé lo mio.

The battle has begun.

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