Here we go!

Caracterizaciones infames de una mente enferma carente de toda razón, me habían prohibido volver a escribir de pura vergüenza y difamaciones publicas que mi conciencia auto flagelada escondía recuerdos para ocultármelos de mi.

Fui victima una vez mas, y no una victima cualquiera. Fui la peor de todas victimas, porque hay victimas de asesinos, de asaltos, de estafas, de hermanos llorones, de aprendices de violín, incluso de aquellas victimas que no puedo mencionar. Pero fui la peor victima de todas: “Fui victima de mi”. Claro, porque cuando algo pasa a quien culpas?

– Al culpable, obvio.

Pero cuando la culpa es tuya, y la falta de aquella culpa es para ti también, ¿te debes autoculpar e incluso denunciarte?

En fin, a lo que iba.

Fui victima del Síndrome del Tapón de Pelo en el Desagüe. Es algo así como el síndrome de Estocolmo, pero no tiene nada que ver. Mas cercano al síndrome de Sherrington, aunque no se parecen en nada.

Me explico.

“Cuando ocurre un suceso extraordinario que no debo, no quiero, no puedo, o no se como contar, el suceso se agolpa en mi mente y se estanca en algún remoto lugar de mi creatividad. El suceso extraordinario viene a ocupar el lugar de la mata de pelo en el desagüe. Numerosos sucesos posteriores continuaran sucediendo, pero no podrán salir a la superficie (o a la cañería), puesto que hay un suceso extraordinario estancado”.

De ahí la razón de mi falta y ausencia literaria, no por falta de argumento y material narrativo, que de eso sobra, sino por una incapacidad mental y de estancamiento progresivo que acumula peligrosas cantidades de material narrativo radiactivo que envenena mi mente y me emponzoña por dentro. Pero una vez identificado el problema, fácilmente es posible planificar una correcta solución, que nadie ha hablado de simple o expedita. Las soluciones pueden ser complejas y completamente incapacitadas para ser procesadas por un organismo inferior como el mio, y requerririan de tiempo para ingerir, digerir, absorber y defecar.

La cosa es que debo deshacerme de los sucesos extraordinarios que atormentan mi mente antes de que numerosos sucesos continuos continúen despedazando la arquitectura mental de mi estructura literaria.

Debo tomar el sopapo de la conciencia, y expulsar aquella mata hedionda purulenta y progresiva de pelos que se estanca en el desagüe.

He aquí el comienzo de mi “Triste” historia…

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