Gratos momentos en el dentista

Llego, saludos, abrazos, asiento.

Siempre tan cordial antes de torturarte voluntariamente. Me abre la boca y me empieza a meter espejitos y porquerías heladas y brillantes. Me dice algo asi como AHA!, y luego le dice algo a la asistente que sonó como esto:

– Pasame dos, que esto no va a ser nada fácil. No no, de los gruesos. Ese, yo creo que con ese podemos andar bien.

Y yo ahi porquerizado completamente con los dedos de esa vil mujer metidos dentro de mi boca.

Claro luego me dice, esto te va a doler un poco, y tate que me clava una aguja con pica y saña. Luego la saca, y me la clava en otro lado, y dale que sacando y clavando pinchándolo todo.

Parece que derrepente se le acabó la porquería esa y pidió otra a la asistente. Y mientras me clavaba el hocico de nuevo, esta vez con el repuesto, se pone a mirar por la ventana a comentar con la famosa asistente, la nueva pileta que construyeron afuera de la clínica.

Y mientras opinaba, la desgraciada movía la mano y la agujita aquella me iba destrozando mis encías por dentro. Yo le decia ahauuumm hhummmm haaaaa, pero ella dale con decirme que me iba a doler un poquito.

Luego, y gracias al cielo, se le acabó el cuento, y ella estimo que ya había tenido suficiente. Asi que sacó sus artilugios artefacticos, y se puso a rellenar conmigo el tiempo que demoraba la anestesia. Que maravillosa es la capacidad de los dentistas de hablar mil temas diferentes con sus pacientes esperando el momento del efecto de la anestesia. La cosa es que se acabó la conversa cuando recién se estaba poniendo entretenida y la doctora se levanta, me dice “Abre” y dale con urguetearme la boca con sus artimañas.

Luego me dice “si te duele me avisas”. Menos mal que me lo dijo, o si no me aguanto todo mi dolor para que no se de cuenta. Entonces agarra una porquería enorme, que podría servir para cambiarle la rueda a un auto, y con no poco esfuerzo, termina adentro de mi boca, agarrando lo inagarrable.

Empieza el forcejeo.

Mi cabeza bailaba para todos lados, pero mas que nada para arriba y para abajo, que era donde iban apuntados mayoritariamente sus embistes. Y dale con empujar y tirar y no pasa nada hasta que un crujido en la articulación de mi mandíbula me hizo decirle:

– Ya, está bueno.

Entonces se dio cuenta que su táctica era inservible y agarró una de esas cuestiones que taladran con un sonido de los mil carajos y dale con perforarme la poca muela que me quedaba, y dale con el zuiiiiiiiiiii zuiiiiiiiii zuiziiiiiiiiiiii y horada que horada, y yo agarrándome las manos que tenia vueltas locas a la altura de mis bolsillos.

– Para ya!

Entonces agarra de nuevo la primera herramienta, que debe tener un nombre asi como “el orinador”, “el quebrantafuertes” o algo parecido. Me la mete de nuevo (en la boca) y empieza el forcejeo salvajemente como si no le fuera a pagar si no me dolía.

Una lagrima rodando por mi cara le hizo pensar que “a lo mejor” el forcejeo no iba para ningún lado, y decidió ir a buscar refuerzos. Ahí después de un buen rato, que aproveché para masajearme la mandíbula, llegó el doctor Anibal. Radiante como la primera vez, un hombre grande, un oso. Imagínate el cocinero de un regimiento alemán. Se acerca a mi con cara cansada, revisa mi radiografía y dice algo así como:

– Siempre lo mismo con los flaquitos con raices curvas.

Y empieza el buceo infernal en mi cavidad bucal. Pero mas que una extracción, parecía una clase de lucha libre. El doctor Anibal con sus dedos metidos dentro de mi boca le iba diciendo a mi doctora algo como:

– Mira el problema en estos casos, es la base de la raíz que esta muy cerca del nervio, y hay que separar cuidadosamente. Y no hacer esto que te estoy mostrando porque duele. Ves?

Y yo aaarghhhh!!!

Y la doctora “aaammmm por ahi iba la cosa”

Asi que agarra sus taladrititos y me perfora un buen rato y yo ya decía que haga conmigo lo que quiera, que ya no valgo nada, y el dale con perforarme y perforarme, que yo creo que queria llegar a los riñones. Pero cuando derrepente se apaga su maquinita infernal, pide unas pinzas, y dice:

– Ahora es cuando sacamos los pedacitos.

Y se pone a escarbarme en el “újero” con unas pinzas de esas como para sacarse los pelos de la nariz, y van saliendo pedazos blancos y crujientes de raíces completamente destrozadas.

Y mientras van cayendo musicalmente en una bandeja metálica, la doctora se deshace en agradecidas, el doctor las responde, se saca los guantes, se lava las manos y muy sonriente se va. Muy sonriente se queda la doctora, y muy hecho pico me quedo yo.

A la doctora le da por costurearme el “újero” y dale con pincharme y cruzarme con hilitos el “ueco” que quedó donde iba la otra porquería, hasta que yo ya casi sin darme cuenta, me dice que taba todo listo. Luego se dirige a su asistente y le dice:

– Cristi, limpiale las manchas de sangre de la boca porfavor… las de la frente también.

Imagínate como tenía que haber estado.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. globalmusik dice:

    increible marciano increible.-.-amor y acracia

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