El sol en una mañana borracha.

“Hoy veo salir el sol. Como tantas veces, hoy veré salir el sol, con mi vaso en la mano esperando el día venir por la noche que huye, llevándose los recuerdos que el paciente tiempo intentará borrar desde los recovecos de mi memoria”.

Varios fueron los que me acompañaron a dar la bienvenida al sol, pero los mismos fueron quedando en el camino. Y hoy, por primera vez, me encontraba sentado al lado de una ventana mirando el cielo gris azulado, esperando solo un rayo de sol para poder irme acostar. Y en esa espera larga, larga espera, comencé a pensar en mi e intentar descubrir porque estaba allí solo, en espera de un rayo de luz, tan tarde por la noche o tan temprano por la mañana.

Entre esa inmensa variedad infinita de posibilidades, comprendí que lo que menos importaba era lo que me habia llevado a esperar ese momento. El momento que todo suicida debia haber estado esperando para dejar de serlo. Aquel ultimo rayo de sol, el pequeño bastión de la posibilidad, aquel ultimo y escondido refugio para el renacimiento de la vida, de la alegria, de la posibilidad, de la esperanza.

Comprendí lo tan superflua de mi espera, lo tan pequeño de mi deseo, que al final no esperaba salir el rayo de sol, sino mantener el compromiso que a mi mismo me había hecho.

En tanto rato volví a saber quien era yo, y porque me encontraba acuclillado al lado de una fría ventana ajena, esperando algo tan cotidiano, inflexible e inevitable.

Y de tantos pretextos, terminé convenciéndome acerca de la naturaleza de la persona que me conforma, de las debilidades que me llevaron a esperar un amanecer lleno de tenue gloria, un renacer ajeno de brillos lejanos y repetitivos, que ya comenzaba a dar por inútil mi espera, cuando un rayo de luz, brillante como mil centellas, se introduce en mi ojo derecho, y me encandila toda acción luminosa exterior, como indicando “recuerda porque llevamos tanto rato aquí… yo naciendo y tu intentando creer, no nos convirtamos en extraños sabiendo que tu no eres si no soy yo, y yo no soy si tu no eres”.

Y tampoco fue así, pero ese fue el sentimiento que me inmovilizó cuando yo preocupado de las razones por las que yo me encontraba esperando el sol, fui tomado por sorpresa por el rayo de luz que me descubrió desatento una mañana fría en la que yo solo quería esperar el sol hasta verlo renacer, en el mismo lugar que moría para las demás civilizaciones.

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