Porotos con o sin riendas.

Estoy comiendo carne de chancho helado. Dicen que hace mal, pero a mi no me importa. Si nos importara la cantidad de cosas que nos hacen mal, tendriamos una vida como la de michael jackson, durmiendo en una camara de oxigeno.

Supiera lo mal que hace el oxigeno.

Se supone que estoy trabajando para mi tesis, pero da una lata tremenda hacer esas cosas, mientras comes chancho helado.

De todas formas el chancho esta super rico, asi y todo, esta blandito y lo estoy cortando incluso sin cuchillo.

Hoy es el cumpleaños de carlos montana. Toni fernandez, el loco, o como quiera o puedan ponerle.

Un ser inconciente carente de criterio.

Y precisamente esa carencia, lo convierte en una persona a la que debes saludar con relativa frecuencia, llamar con una frecuencia mas marcada, y definitivamente visitar para su cumpleaños.

El no hacerlo, es una causa mas que merecida para ganarte todo su desprecio y aborrecimiento permanente.

Ayer fui a su casa a saludarlo.

Pero fue todo un complejo proceso de visicitudes anomalas y catastroficas. El viernes se celebró el cumpleaños del Paulo, del que mejor no entremos en detalles.

A las 9 de la mañana me dormí, para despertarme a las 6 de la tarde, porque a las 7 jugaba chile. Me levanto, me afirmo bien los pies en el suelo, que casi paso de largo hasta el piso, me lavo la cara, los dientes, la cara de nuevo, los dientes de nuevo, pero no hay caso.

Tengo un aspecto deplorable.

Lo se.

Partimos a la casa de Laja.

Alcancé a ver la mitad del partido tomarme una cerveza, mordisquear un pedazo de carne, y me fui para la casa de montana. Habia una niebla tan fatal, que era espeza, molesta y juguetona. Tan densa y solida, que te debajaba todo mojado en mi paso con la catalina.

Todo mojado y muerto de frio.

Voy llegando a la casa de Carlos y suena el telefono.

Carlos.

– Que vente para mi casa luego, que te estamos esperando con carne!

( Mas carne ).

– Que voy llegando, si estoy afuera de tu casa.

Corta.

Pasan 3 segundos y suena el telefono de nuevo: Carlos.

– Dijiste, mi casa?
– Si, TU casa.
– Es que estoy en la casa de mi papa.

Vueeelta. La casa de su papa queda a dos cuadras de la casa de laja donde veiamos el partido. Cara de burro.

Cara de burro todo mojado.

Pero pedalear entre la niebla espesa y mojadora, entre un desfile de autos llenos de bombos y banderas celebrando el resultado del partido, fue una experiencia entretenida, pero mojada.

Llego a la casa de carlos, ( de su papa ), y la cosa cambia. Carne, cerveza, vino. Excelente.

Todo tranquilo, por fin un carrete donde estamos sentados en una mesa, riendonos de puras burradas y escuchando musica excelente. Habia perdido la costumbre de un carrete de esos, y no como los carretes escandalosos gritones y reguetoneados a los que me habia acostumbrado.

Todo muy bien, mucho vino, vodka, risas, cosas entretenidas. Musica, muy buena musica.

No me di ni cuenta, cuando derrepente quedabamos como 4 en la mesa. El resto de la gente se habia ido escurriendo silenciosamente a la salida durante toda la noche. Me parecia extraña la concurrencia, asi que miro el reloj y era una hora sorprendente. Debian haber sido como las 6 de la mañana, asi que a lo lejos se escucha una trompeta apagada por el fragor de la batalla.

El trompeta daba el toque de retirada, asi que se convirtió en un excelente momento para partir.

Vamos afuera, y estaba esa claridad matutina que se asoma hacia el lado de la cordillera, cuando el sol comienza a acercarse a nuestro continente. Todo esta tranquilo, no hay ruidos, no hay gente, todo esta en paz.

Agarro mi bicicleta, carlos pide un taxi, me ofrece alojarme en su casa, pero la mistica ya estaba armada. Despedidas y cosas, el se queda con su taxi, yo con mi bicicleta.

Empiezo a pedalear y ese silencio y esa tranquilidad de esa hora te da una atmosfera tan genial para avanzar por la mañana, que solo y en silencio te mueves despacio por las calles.

Luego viene mi musica y se le añade el ingrediente perfecto a esa sensacion de libre claridad.

En la calle no hay nadie, no hay niebla, ni frio, ni hambre, ni sueño, ni tristeza, ni cansancio ni nada.

Llego a la casa, ya son como las 7, y me quedo un rato en el jardin, ahi sentado con la Kleine. Ahi entremedio del volcán viene el sol asomando. Me despido del gran dia, y saludo al siguiente. Me despido de la Kleine.

Me mueve su cola.

Estoy en mi casa, me voy a acostar.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rocio dice:

    ay que lindo…si nuestro aniversario igual fue bkn….=/

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