Veterinario de pescaditos.

– Estas disponible? tenemos trabajo que hacer.

( – Estas disponible? Tienes trabajo que hacer -)

Me dijo que el tema era simple. Habia que sacarles un pedazo de branquias, corazon y riñon a 180 salmones de 3 estanques diferentes y ponerlos todos en un tubito de plastico.

Hermoso, que simpleza.

Jorge me pasa a buscar como a las 8 de la mañana y me va a dejar al bus y tres horas después llego a Curarrehue, listo para hacer mi simple trabajo. Me fui a instalar a mi workstation, como dicen los gringos. Ahí, brillante y reluciente estaba preparada mi mesa. Se habían tomado la amabilidad de forrarla en plástico protector, con franjas de papel para que no se resbalen los pescados, y decorada en un extremo con un recipiente para desechos cortantes, mas una hermosa caja de guantes de latex.

Son las 14.00 hrs.

Me pareció extraño que en el lugar de la workstation estaba todo escarchado y lleno de hielo. El amigo que me venía trayendo los pescados me dijo que ese lugar era especialmente helado y que en esta época del año, era un lugar poco recomendable para trabajar al aire libre. Le agradecí su recomendación ¿pero que iba a hacer?

Abrí mi caja y fui sacando mis porquerías: Dos paquetes de toalla nova, dos cajas de hojas de bisturí, una caja de instrumental llena de instrumental, un difuminador de alcohol, un recipiente para el desinfectante, el desinfectante, una bolsa grande llena de bolsas ziploc grandes, una bolsa chica llena de bolsas ziploc chicas, y una bolsa grande llena de tubos eppendorf. Todo en su conjunto formaba una maravillosa mezcla de perfección funcional.

A trabajar se ha dicho. Empezamos.

Me pongo los guantes. Voy al primer pez, del primer balde de los 8 que habían. Lo tomo con bastante trabajo, que son resbalosos y gelatinosicos, y lo ubico sobre la mesa. Me cambio los guantes, porque se ensuciaron con el pez.

Por supuesto, hay que hacer bien la pega.

Abro la caja de los bisturís. Tomo una hoja de bisturí y la pongo en el mango del bisturí. Saco una pinza y una tijera del recipiente del desinfectante con desinfectante. Con la pinza levanto el opérculo branquial, y con la tijera corto una porción. Tomo la porción con la pinza y la pongo dentro de un tubo eppendorf. Cierro el tubo eppendorf. Dejo la tijera y la pinza en el recipiente del desinfectante con desinfectante.

Tomo nuevamente el bisturí, y hago una incisión por el lado izquierdo del pez, desde el opérculo branquial hasta el borde caudal de la aleta pectoral izquierda. Luego continúo el corte hacia la porción ventral del borde caudal de la maxila, creando así una ventana anatómica que expone el corazón. Con la pinza desinfectada, tomo el apex del corazón y hago un corte muy preciso con el bisturí. Tomo tubo eppendorf, lo abro. Dejo el trozo de corazón en el tubo. Cierro el tubo.

Pongo la pinza y el bisturí en el recipiente del desinfectante con desinfectante.

Tomo el bisturí. Hago una incisión desde el borde superior del opérculo branquial por la linea media hasta el borde caudal de la aleta dorsal, donde desciendo hasta el borde craneal de la aleta anal. Así retiro la pared ventral izquierda de la cavidad torácica para exponer parte de los órganos digestivos craneales, que al retirarlos me muestran la sección anterior y media del riñón.

Hago un corte del riñón anterior y lo retiro. Divido el corte en dos. Una mitad va al tubo eppendorf. Guardo el tubo en una bolsa ziploc grande, rotulada con el numero del estanque del que viene el pescado. Tomo otra bolsa ziploc chica, donde pongo la segunda mitad del riñón anterior, la que guardo en otra bolsa ziploc grande, rotulada con el mismo numero del estanque. Tomo el pez tijereteado, cortado y completamente  incompleto, y lo deposito en un tarro de mortalidad.

Retiro la hoja de bisturí del portabisturí y la dejo en el recipiente de desechos cortantes. Dejo el instrumental en el recipiente de desinfectante con desinfectante.

Limpio y desinfecto la mesa con el difuminador. Seco la mesa con toalla nova. Me quito los guantes, los boto a la basura. Saco un nuevo par de guantes y me los pongo en las manos. Voy por un nuevo pez.

Tiempo de trabajo: Unos 10 minutos, nada mal, díjeme a mi mismo.

Si me hubiese tomado el tiempo de haber hecho un simple cálculo matemático acerca del tiempo que me tomó un solo pescado, me habría ahorrado un culo para mi vida. Pero como no lo hice en ese momento, lo hago ahora:

Si me demoro 10 minutos por pez, por los 180 que tengo que hacer, me demoro 1800 minutos. A 60 minutos la hora, 1800 minutos son 30 horas por la grandísima requetegranputaza.

– Ya estaba oscureciendo cuando empece a sacar estas cuentas –

En el hemisferio sur durante el invierno, el sol no pasa por el plano senital al medio dia. A las 12 del dia, el sol debiera encontrarse sobre nuestras cabezas, pero en invierno el sol se desplaza en un ángulo hacia el norte, así que a las 12, las sombras son alargadas y orientadas al sur. Hay lugares a los que nunca llega la luz.

Como en mi “workstation”

(Lo que explica por qué a las 2 de la tarde seguía todo congelado)

Cresta y yo no estoy avanzando nada. Mientras cortaba y cortaba, llegué a una conclusión: Si hacía un pez cada dos minutos, haría 30 peces por hora. Lo que quiere decir que si trabajaba a la velocidad del rayo, o sea mas de 5 veces mas rápido de lo que estaba haciendo, podría hacer todo el trabajo en 6 horas.

Si empezaba a las 2 de la tarde, a la velocidad imposible del rayo, podría terminar a las 8 de la noche. Eso siempre y cuando Flash (el superheroe) cortara y desinfectara todo el instrumental.

Ahora…

Hay una serie de normas, códigos y prácticas que en conjunto sirven para reducir al máximo la contaminación biológica ( o sea, hacer bien la pega ). Son las llamadas normas de bioseguridad. Se originaron a partir de la inmediata necesidad de mantener siempre un ambiente de trabajo libre de caquita viva que te ensucie las muestras.

De las normas existen las esenciales, que son imprescindibles ( como no hacer caca encima del instrumental ), también están las recomendadas, que son necesarias, pero no inminentes. Y están las innecesarias, que son puras burradas para complicarle la vida a la gente como yo, cuando hace frío y tiene demasiada pega pendiente.

De las primeras normas que me deshice fueron de las innecesarias. Me empecé a cambiar los guantes cuando mi consciencia me lo reprochaba, y haciendo los menores cambios posibles para disminuir minutos. Establecí un área sucia en la mesa llena de caquita, sangre, barro y escamas donde empecé a hacer los cortes. Si me ponía a esterilizar la mesa con cada pescado, terminaría para la cena de navidad. Como soy un gran profesional me las arreglé para ser completamente asceptico (no esceptico, bueno también) a pesar de trabajar sobre caquita, sangre y escamas, pero como soy un obseso compulso, puedo hacerlo perfect sin que se ensucie lo que no tiene que ensuciarse.

Así empecé a ahorrar tiempo.

Después de un atardecer mágico, de colores intensos que se burlaban de mi y de la inutilidad de mi trabajo, caí en la cuenta de que me iba a quedar sin luz. Así que fui a buscar al amigo buda para que me iluminara.

5 minutos despues, tenia un halogeno arriba de la mesa.

Había que terminar la pega durante el día, aunque el último bus salía a las 9. Ya estaba descartado mi viaje. A las 8 de la noche recién llevaba 60 peces. Las matemáticas cuadraban: Era un trabajo para dos ( o tres ) personas.

Lo mas preocupante, mas que el tiempo, era el frío. Di gracias al altisimo de haber conocer como son los otoños en la cordillera, porque salí bien abrigado de mi casa. Me apreté bien la bufanda, cerré mi chaqueta, me puse tres pares de guantes y me enchufé mi gorro.

Prendí el halógeno y volví al trabajo.

Aparecieron las primeras estrellas y con ellas el infierno blanco: empezó a caer un rocío que me fue mojando, pero lo interesante es que luego de un par de horas cayendo, en el aire se siente algo repentinamente:

Todo se acalla, el aire se seca, y el frío se intensifica tremendamente.

En cosa de segundos (y digo segundos) todo lo que estaba mojado se congela, incluyendo mi ropa, mi esperanza, mi vida. Todo se convierte en un blanco brillante. Mientras trabajo, el halogeno hace brillar todos los cristales de hielo que están por todos lados.

Ya no puedo cerrar la mano y los dedos no me responden.

Doy gracias al halogeno por ser una fuente de luz tan calorífica, así que me descongelo las manos al lado de su ampolleta. Mis dedos enguantados humean, pero reviven.

Así tan de repente como llega esa onda polar, así se va. Vuelve el sonido en el ambiente, vuelve a caer ese rocio y todo se humedece. El frío se hace aguantable otra vez.

Este ciclo se repite cada 20 o 30 minutos.

A las 9 de la noche viene el jefe del centro, me obliga a comerme el almuerzo que no comí por falta de tiempo. Me dice que hay una pensión para mi en un pueblo cercano. Agradecí en mi interior el no tener que dormir debajo de mi esterilizada mesa, aunque me dijo que el último transporte salía a las 12 de la noche. El siguiente sería a las 8 de la mañana.

La puta madre y yo todavía con 100 pescados por delante. Todavía no había llegado a la mitad. Dormiría entre los tubos de oxígeno. Moriría dando la vida para cumplir con la pega.

Yo! Por pega!

La pasé mal. Fueron varios minutos de una batalla interna bastante fatal. Ahí es cuando ocurre el milagro: Cuando comprendes que cuando ya no queda nada mas que puedas hacer, nada mas depende de ti. No tiene sentido frustrarte o apurarte, o volverte loco o hacerte mierda, no vas a dormir en una cama bajo techo. Está fuera de ti. Resígnate, tómalo con calma.

Mágicamente todo se aguanta. Incluso se disfruta. Es el mismo frío, el mismo trabajo, el mismo apuro. Mientras trabajo canto. Tengo la cara partida, pero no importa. No puedo cerrar las manos, pero puedo recalentarlas en la luz.

Por supuesto que nunca mas haría algo como esto o lo arreglaría con anticipación para no volver a pasar por esta mierda, para esto sirve la experiencia. Pero para un pollo como yo, estas cosas son todas nuevas.

Llegó el transporte de las 12 y se fue el turno de la tarde. Antes de irse, vino a despedirse Mauricio. Me preguntó cuanto me quedaba. Llevaba 130. Todavía me quedaban 50. Me dijo que cuando terminara, el me venia a buscar para llevarme al pueblo.

Como recompensa divina a mi actitud, dormiría en una cama.

Me convertí en una maquina muestreadora chacal. Desarrollé una técnica supercompletamente eficiente que me permitió hacer muchos peces mas en menos tiempo sin disminuir la calidad del trabajo. Me convertí en un organismo cibernetico altamente sofisticado, ya no me importaba nada. Henry ford se hubiera enorgullecido de mi.

Eran exactamente las 2 de la mañana cuando hice el ultimo pez.

50 peces en 2 horas. 2.4 minutos por pescado. Tiempo ultra récord para mi. Si hubiera trabajado todo el día a esa velocidad demoníaca hubiese terminado en solo 7 horas.

Guardé todas mis muestras, hice una limpieza y desinfección de todo el instrumental, de la mesa, del equipo y todo lo demas. Ya estaba listo por fin. Todo estaba blanco, cubierto de hielo. Me imaginé como me vería yo todo cubierto de escarcha. Me dio gusto poder cumplir con el trabajo en unas condiciones tan mierda. Me sentí gigante de espíritu, grande, inquebrantable. Altamente capaz, profesional y duro. Es una sensación chacal.

Mauricio me dejó en la puerta de la pensión, donde me estaban esperando. Aguanté un rato de conversación entretenida al lado de la chimenea con un café y luego a mi pieza, la numero 7. Ese fue realmente el primer momento de tranquilidad.

Lavé bien todo el instrumental, hice un recuento de las muestras, ordené el material y lo empaqueté todo. Estaba terminando cuando me venció el sueño. Las muestras tenían que llegar a Temuco en el pasado, así que no había que darse lujos. Puse la alarma para las 6.30, así que me levanté a las 8.30.

La señora Marcela, la dueña de la pensión, me estaba esperando. Le di los buenos días, las gracias y el adiós, que estaba muy apurado. Ella se para en la puerta y me dice:

– Como es eso que se va?
– Si es que estoy terriblemente atrasado.
– Usted no se va sin desayuno.

Tenia la mesa lista para mi. Me enamora esta gente hermosa. Me acompañó con su conversación mientras yo me tragaba mi café y me comía paila de huevos. Me contó que en unos días, la nieve va a cubrirlo todo, y el mundo entero se congelaría. Se van a cortar los caminos y las comunicaciones. Todo se va a congelar de un día para otro. Los que estén aquí, aquí se van a quedar. Lo bueno es que está preparada para recibir a los que se queden porque el año pasado se quedó 3 semanas con los muchachos que reparten el gas.

Le doy las gracias, las muchas gracias, la despedida, le devuelvo el mismo abrazo que me da y parto a tomar el bus.

Tremendo super día.

Me siento feliz.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rociito dice:

    ves! yo siempre te arropo y te doy calorcito para que no te de frio y estes abrigadito!!! vente para aca y te doy un apapacho giganteeee aaa y yo tbn te doy pancito y cafecito e incluso te llevo comidita a la cama aveces asique tbn soy cariñosa y agradable….. y de la niña linda m… mejor no referire al tema…ya saby lo que pienso ..bueno en realidad….dijiste que no era linda….=P jajjajjaja yo siempre lo supe…. te amooooo =)

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