Situaciones extrañas que ocurren incesantemente solo por que si.

Solo porque a mi.

En el bus, el calor, el ruido, las luces y un aire helado, se coordinan conjuntamente para enviarme un mensaje codificado pero claro:

No vas a dormir.

Y resignado a la evidencia de dicho mensaje, obediente ocupo mi tiempo (varias horas de viaje ininterrumpidas hacia la capital) en pasearme sinuosamente por aquellos inequivocos recovecos de la memoria.

Me encontraba en tan fructifera labor, cuando un pelafustan, enviado de belcebú, se le ha ocurrido encender las luces del pasillo.

Y yo con el madreo infame del por fin estarme quedando dormido, con la dulzura que me caracteriza, comienzo a encomendarle su alma a los demonios que el mismo satán hechó del infierno por ser demasiado malvados, para que se regocijen maquiavelicamente con su perdida alma.

Claro, me estaba empezando a quedar dormido por milagro divino, y zas! Que el gilipollas empedernado, me prende las luces del bus. Esperando que las apague, como que se me empieza a quitar el sueño, y en uno de aquellos vericuetos, se me ocurre mirar la hora.

Mierda, las 6.30.

O sea, habia dormido como 6 horas, sin haberme dado ni cuenta. Inententé razonar con los demonios previamente encomendados, por la paz del alma del gilipollas, aunque no con tantas ganas, porque todavia quedaba una hora de viaje.

Llegamos a santiago. Delicias.

Llegamos, quienes? Claro. Mi querida mochila y yo, que con su metro cuarado de volumen, ocupa el mismo espacio de una persona, lo que iba a ser una contrariedad a la hora de subirnos los dos al metro. Mira que una cosa es subirme yo solo, y otra, subirnos los dos.

Porque a esas horas matinales, el metro se convierte en zona de guerra. Caracteristicamente atosigante, confuso y maquiavelico.

Sin embargo, aquella luz interna en mi interio dentro de mi, que  veces se prende gloriosa en momentos de deshonra, se ilumina y me muestra el camino. Claro, me voy a instalar en el exxtremo mas alejado del treno, donde hay mas probablidad de encontrar un metro cuadrado, donde podamos entrar los dos.

en el camino por el andeno, veo miradas burlescas de centenares de ojos, que traducen sus miradas en frases como: Y tu crees que ustedes dos se van a poder meter en el tren?

Yo no miro nada, que son muchas respuestas, asi que camino hasta el fin, atravezando la muchedumbre. Llego hasta el final del anden, nonde no queda mas que un tunel oscuro. Llega el tren, se abren las puertas y miro dichoso un minimo y compreso metro cuadrado, sitio probable para meternos mi mochila y yo. Avanzo batallando la zona, y coronado por 3 medallas de bronce y escudos de plata bordados en un campo de flores, me anclo firmamente, invencible.

Parte el tren.

8 estaciones despues, hemos llegado a baquedano, la gloriosa estación por donde debe estar, al menos en teoria, el glorioso laboratorio donde me van a pinchar venas y brazos.

Llego arriba de la estación, o sea el suelo, porque el otro es el sub-suelo, y camino. se que el laboratorio debiera estar por ahi, pero no imaginé que estuviera a 2 casas de la estación.

Sabía que por ahi tambien estaría la estatua de Manuel Rodriguez y quise ir a verlo, a ver si pudiera darse cuenta que despues de tanto tiempo, todavia pudiera importarle a la gente moderna de esta epoca tan moderna.

Manuel Rodriguez, junto con Arturo Prat, es uno de mis favoritos. Junto con su descendencia, fueron famosos por su facilidad para disfrazarse y hacerse pasar por el enemigo, monjitas, frailes españoles, mendigos, curas, ladrones, borrachines, y mujeres, para conseguir información del enemigo o cosas por el estilo.

Lo buscaban tanto, pero no podian encontrarlo. Y eso que siempre estaba entremedio de los que mas lo buscaban.

Era genial para burlarse de sus cazadores, era un gallo muy choro.

Manuel Rodriguez - Estatua Puente Alto

Fui a ver su estatua, y de nuevo la suerte me ilumina. A 50 metros de la estación, se encuentra muy arriba en una plataforma sobre su caballo, que corre dando un salto y en su mano, una antorcha encendida, mirando hacia atras, como gritandole al pueblo para mostrarle el camino.

Justamente lo que fué, lo que hizo, y por lo que murió.

El mismo neruda lo describió asi:

“Puede ser un obispo / puede y no puede / puede ser solo el viento / sobre la nieve…”

Señora, dicen que donde,
mi madre dice, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al guerrillero.

Puede ser un obispo,
puede y no puede;
puede ser sólo el viento
sobre la nieve:
sobre la nieve, sí,
madre, no mires,
que viene galopando
Manuel Rodríguez.

Ya viene el guerrillero
por el estero.

——

Saliendo de Melipilla,
corriendo por Talagante,
cruzando por San Fernando,
amaneciendo en Pomaire.

Pasando por Rancagua,
por San Rosendo,
por Cauquenes, por Chena,
por Nacimiento:
por Nacimiento, sí,
desde Chiñigüe,
por todas partes viene
Manuel Rodríguez.

Pásale este clavel,
vamos con él.

——

Que se apaguen las guitarras,
que la Patria está de duelo.
Nuestra tierra se oscurece:
Mataron al guerrillero.

En Til-Til lo mataron
los asesinos,
su espalda está sangrando
sobre el camino:
sobre el camino, sí,
quién lo diría,
él, que era nuestra sangre,
nuestra alegría.

La tierra está llorando.
Vamos callando.

…Pablo Neruda.

Manuel Rodriguez

No esperaba una estatua tan grande, pero tampoco tan chica. Mal que mal…

… era Manuel Rodriguez.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    oye y porque no le sacaste una foto tu!!!!

  2. rocio dice:

    la de arriba era yo =)

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