Los estadosunidininianos me autorizaron a usar un barco.

Si porque es de lo mas chori que los gringuitos se hayan apoderado del mundo entero y tengamos que pedirles permiso a ellos para poder trabajar en barquito.

Si, de lo mas chori.

Pero valió la pena ir a la ensubida embajada, porque tuve la oportunidad de ver mi primer choque. Fue de lo mas chori tambien. Dieron una luz roja – que en los paises donde la gente no se alimenta de gente, indica que los autos paren – y todos los autos pararon.

Menos uno.

Y zuacateplaf!!

Vidrios y plasticos y chichones morados. Como ya habia visto el desmadre, me dije para que seguir viendo el descueve de golpes y aletazos y patadas, asi que seguí caminando entre la pelotera. Miré para atrás y ya llegaban los mirones. Y de la embajada venia corriendo un paco – a los que cariñosamente llamamos carabineros – quien seguramente iba raudo y veloz a encontrarse con el poder de la justicia.

Pasó por al lado mio corriendo sin mirarme, y yo me hice el dificil:

Tampoco lo miré. Me hice el duro.

Me fuí a la entrada de la embajada y me quitaron hasta el cortauñas. Seguramente lo iba a usar para derribar los poderosos lanzadores antimisiles atomicos con los que cuenta la embajada.

Desbarataron mi plan del cortauñas. Tendré que volver a intentarlo con algodón dulce.

Me quitaron todo. Si hubiese tenido un reloj, tambien me lo habrían quitado. Es que la paranoia es obsesa y compulsa para estos guatones.

Me sacaron toda la ropa abrieron la puerta y me dejaron pasar adentro, donde me dejaron esperando como 2 horas a ver a que hora me llamaban para mirar a un tarado detras de un vidrio a prueba de explosiones nucleares.

De nuevo maldije la ausencia de mi cortauñas…

Dos hermosas horas despues – jugando al gato imaginario con los cuadrados de las baldosas del piso, porque ni siquiera me dejaron jugar al sudoku de mi telefono, porque me lo quitaron en la entrada – me llama el tarado blindado.

Mira mis papeles como si fueran falsos (esta vez no lo eran) luego me mira como si yo fuera falso. Mira mis papeles de nuevo, me mira, y mira los papeles.

Se convence de que no son falsos, o deja la duda razonable, y luego, en un español horrible muy aceptable – que imagino que practica para conversar con latinas – me comienza a hacer preguntas. Puras leseras. Luego se acuerda que tiene que averiguar si hablo ingles, y me debió preguntar algo asi como si tengo perro o gato.

Y terminó la entrevista, y plaf. Te fuiste mojon por el agua.

Asi nada mas, y next, y se acabó la challa, y chao.

Tuve que pagar una brutalidad para que DHL enviara mi pasaporte de ahi a ahi, cosa que yo pude haber hecho a pie, en 20 minutos. Un muy bien declarado robo y atropello moral a todos nuestros derechos civiles establecidos en nuestra sagrada constitución.

Y me enojé tambien.

Tropa de gordos mutantes, se creen dueños hasta del mar.

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