El dia en que la tierra se rascó sus pulgas.

Me cuesta quedarme dormido.

Es un hecho.

Ahora si le sumamos ese calor pegajoso, de tener las sabanas ahi fundidas en la espalda, le agregamos un plus al insomnio del carajo. Claro, ahi estaba yo enredandome en mis propios enredos tratando de encontrar esa paz mental necesaria para quedarme dormido, cuando derrepente…

… me acordé de mi tesis y de la U.

Paf!

Los ojos abiertos como platos, pegados en el techo, tratando de imaginar que chuchas voy a hacer.

Otra hora entera dandome vueltas en la cama. Luego, llega esa calma mental, ese relajo flojo, ese cabeceo constante, cuando derrepente me acuerdo de las deudas del banco.

Y paf!!

Banco del orto, dejame dormir. Otra media hora mirando el techo. Ya parecía chiste. Me quedaba dormido por octava vez, y estaba re-cabreado, cuando mi cama se empezó a mover.

Yo me dije:

– Habilidoso el fantasmita que desde mi casa me persigue para venir a molestarme 700 kms mas al norte!

Claro, porque por lo menos en Temuco ya me tenía cabreado el fantasmita que de puro aburrido me iba a remecer la cama en la noche. Tuve dos segundos de admiración por el, en su esfuerzo de jorobarme la vida, hasta que el velador tambien empezó a golpear la pared, y los vidrios empezaron a sonar.

– Fantasmita… ese no eres tu…

Y maldije al temblor de mierda por no dejarme dormir. Y ahi me quedé enojado, copado, hecho mierda con un sueño a medias, y me di vuelta y me tapé con la almohada maldijendo toda la placa continental, y su tenaz secuaz, la placa de nazca.

Debo reconocer que mi simofobia me hace arrancar aunque sea un camión grande que esté pasando por la calle. Pero este temblor de mierda me habia despertado, cuando lo unico que quería era dormir.

Así que por aquella razón recibí al temblor con mas rabia que miedo.

El velador se empezó a mover mas, la cama era un jabon en la ducha, y el ruido… el ruido fue como de gigantes arrastrando sus cadenas por las calles.

Me dije: Esta cosa se está complicando…

Y yo en pelota. O sea, en bolas. O sea, pilucho, desnudo, desropado, desprotegido. Mi neurona de la verguenza me dió un mensaje claro, que recibí con enteresa:

– “Si hay que salir arrancando, no podemos salir corriendo en pelota”.

Y me levanté para vestirme.

Claro, no contaba con que no podría vestirme. Mira que trataba de meter una pata, y la otra entera se iba al suelo. Probemos con la otra, y la otra entera al suelo. Uno no podia estar parado! Despues de algunos intentos y modificaciones funcionales al proceso de vestido, conseguí ponerme algo de ropa que cubriera mis verguenzas, y me quedé ahi en la cama esperando que pasara.

En eso derrepente la luz se fue.

Así como asi, nada mas asi como diciendo que la luz, nada mas se fué.

Y yo me teletransporte directamente de mi acogedora pieza, a la mismisima boca del lobo. Y en la tierra, un temblor del carajo remeciendolo todo.

Ya!

Esta cosa pinta para grave, asi que abrí la puerta y partí a ver a mis abuelos. Lo que vi no lo voy a olvidar nunca. Mi abuelo estaba parado en el marco de la puerta agarrado de los dos lados en un esfuerzo desesperado por mantenerse de pie. Mi abuela estaba sentada en la cama, con esa mirada que va en la espera final, cuando todo ya se ha dicho.

Me ahorré las preguntas estupidas.

Hubiera sido demente preguntar: “Está temblando?”

Así que nos quedamos todos ahí parados en silencio escuchando como el mundo entero se venía abajo. El ruido aumentó, se empezaron a caer todas las cosas, quebradero de vidrios, muebles que suenan, alarmas de autos, ladridos de perros.

El planeta se estaba devorando a si mismo.

Cuando la cosa ya se ponía fea de veras, les grité a mis abuelos:

– Ya! Partimos todos para afuera.

Pero consierando que era la tierra la que mandaba ahora, mi voz fue solamente interrumpida por el ruido de los cuadros que hacen al llegar al suelo. Mis abuelos ni me miraron, estaban en otra, con esa profunda mirada constante, que al mirar con detenimiento solo alcanzas a interpretar:

– Mierda.

Mas o menos eso fue.

Y cuando alcanzaba proporciones cataclismicas, solo pensaba: Esto no me lo va a creer nadie en Temuco. En ese momento no tenía idea que en Temuco se sintió tan fuerte como en santiago, y a la mitad de camino, en ese mismo momento, cientos de casas se venían abajo, con o sin gente, sin importar si alcanzaban o no a salir.

Boston.com: The Big Picture – Sebastian Martinez, AP Photo

En ese momento una larga fila de personas se amontonaban desconcertados en la espera de que San Pedro les abra las puertas del cielo. No era tan larga la fila hasta 45 minutos despues, cuando el mar, envidioso por las vidas que había tomado la tierra, quiso en un intento de parecer mas temible, retroceder a lo lejos, para irse a perder alla al fondo, donde no brillan las estrellas, y dejar desnudos en la arena, caracoles y peces que aleteando, fueron las primeras victimas de la furia desatada.

De un solo impulso, todo el mar recogido, arremetió con viveza hacia la playa, tomando las vidas de los primeros inocentes, que ignorantes del peligro bajaron a correr a la arena que habia quedado mojada. Los previsores, los que sabían lo que de veras pasaba, se encargaron rapidamente de sembrar el panico para que todos entendieran el mensaje:

– Hay que subir a los cerros!

Y en la estampida de personas aun en shock y todavia desesperados, salieron de sus casas corriendo con nada mas que con lo puesto, sin mas que apenas y con suerte, un par de zapatos, desde donde en los cerros, iluminados nada mas que con la siniestra luz de las estrellas, comprobaron horrorizados como el mar en su furia incontenida, entraba a los pueblos y ciudades, barriendo minuciosamente cualquier insolente estructura que se opusiera al mar, manteniendose firme y anclada al suelo.

Boston.com: The Big Picture – Natacha Pisarenko, AP Photo

El mar no tuvo clemencia, y si las casas se vinieron abajo, el mar se encargó de sepultarlas en un abismo de barro y basura, cemento y escombros, maderas, autos, botes, muelles, barcos, casas, arboles y desechos.

Los que quedaron en los cerros, conservaban solo lo que llevaban puesto. Todo lo demas, el mar ya se los había quitado.

Boston.com: The Big Picture – Roberto Candia, AP Photo

Boston.com: The Big Picture – Natacha Pisarenko, AP Photo
Boston.com: The Big Picture – Ivan Alvarado, Reuters

Hoy, pocos de ellos son los que pueden dormir bajo techo, la mayoria sigue durmiendo en la calle. Pocos de ellos son los que tienen agua potable, menos los que tienen el privilegio del agua caliente, menos todavia, los que aún vivos han podido aceptar la perdida de sus esposos, hijos, familiares, amigos, vecinos o incluso conocidos.

Agradesco a los siguientes fotógrafos por la selección de fotos que Boston.com ha recopilado, y que ha contribuido a la tan generosa y necesaria ayuda internacional que hemos recibido:

Earthquake in Chile

Chile, Three days later

Chile, nine days later

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