La increible historia de la maldita mariposa traicionera y prófuga del mariposario del Urubamba

Recordé aquella mariposa prófuga que aterrizó en mi rodilla, mientras colgaban mis pies desde la cima del Huayna Picchu.

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Veníamos bien, caminando todos contentos. Habíamos quedado de levantarnos temprano para empezar el ascenso, así que el reloj quedo listo para las cuatro de la mañana.

Que ridiculez.

Ahí nosotros, durmiendo en un hotel, al lado de un río, habiéndonos bajado del tren dos horas atrás, extraña posibilidad la de levantarnos tan temprano.

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El pico.

— Utilizo aquella plena expresión popular, para describir en forma sensacional, aquella idealista intención de madrugar —

Además, a la hora que ha sonado el despertador, la rabiosa furia tormentosa del sonido del agua golpeando todas las arterias de la ciudad, suponía claramente el peor de todos los vendavales bíblicos, descritos con tanto detalle en el buen libro del Apocalipsis.

Mejor nos damos un momento y esperamos que amaine.

– No hubo que convencer a nadie –

La alarma volvió a sonar a las 5, luego a las 6 y a las 7.30 con los mismos resultados. No cambiaba el panorama: El desastre apocalíptico iba a ser ingrediente supremo en el caldero brujo del ascenso inca. El ruido de lluvia era espectacular pero no se podía seguir esperando, estábamos arriesgando el Huayna picchu.

– Hay que hacerlo, no hay remedio.

Nos deshicimos de todo lo que pudimos, dejando en el hotel todo lo que tuvimos miedo de mojar. Todo salvo la cámara, que pese al riesgo de mojarse, daba poco lo mismo, no podía faltar.

Es en aquel lugar, en el que hace su mágica aparición, el fántastico Paraguas Ernesto. Nos armamos con trajes de aguas, zapatos, una botella de agua (una), un plátano (bananas), y por supuesto, las entradas que habíamos perdido/recuperado porque las dejamos olvidadas en el tren.

Tarados.

Nos miramos las caras por ultima ves y partimos todos para fuera del hotel.
Lo que vimos. Nos dejo helados. Sonrientes, pero helados.

Sol.

¿A nadie se le había ocurrido mirar si quiera por la venta? Todos nos basamos en el ruido de la lluvia para no salir, y ¿a nadie se le ocurrió pensar que en realidad era el río sobre el que estábamos?

Comimos abuelito mezclado con plátanos y partimos. Con alegría señor. Los que caminan, con alegría señor. Pero no cantamos ninguna canción.

No era una pelicula de Disney.

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Fuimos bordeando el rio que genera el valle entre las montañas, alegres por la compañía de aquel perrito viajero, amigo de turistas y caminantes, cuando llegamos a esto.

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Nos maravillamos medianamente por la presencia de un mariposario, presente en el presente, pero no nos detuvo en el camino: Ya llevábamos varias horas de retraso. Pasamos por el primer control, ubicado estratégicamente, impidiendo la entrada al puente.

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Es gente inteligente. Que usa la mente, sabiamente.

Sabia mente.

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Y luego de aquel puente de maravillas, sobre el rio mas chacal sobre todos los chacales ríos de la vida, comienza la escalera inca.

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– Se llama así, porque es una escalera –
Construida por los incas.

Nos pasamos las manos por las rodillas, valorando el ultimo momento en el que las íbamos a sentir vivas, y comienza el ascenso.

Las escaleras – sobretodo las incas – generalmente se ubican molestas, en pendientes. De escalones cortos y elevados, de ascensos pronunciados.

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Solo para valientes.

– E incas –

(Que también debiesen haber sido valientes)

El ascenso hasta la cumbre del Machu, esta contemplado para hacerse en dos horas (2). Y nosotros, para no hacer complicaciones, fuimos obedientes y subimos en dos (2) horas.

Al Rodrigo no lo vimos mas, que fruto de un espíritu imbatible, y una voluntad autistica inviolable, libre de la molesta responsabilidad de compañía con los grupos de viaje, subió recto, derecho, veloz, solo. No había forma de seguirle el paso, no había necesidad de seguirle el paso.

No había intensión de seguirle el paso.

Nos encontramos arriba, en la boletería. No hubo remedio, tenía que esperar: yo llevaba las entradas.

Y el agua.

El digdiridú de Nico fue requisado en boletería. El hombre a cargo, alegando demencia, argumentó la estrechez de los caminos en ascenso. Es decir, cuando vienen personas contrarias, en descenso.

Que forma mas violenta de eliminar un sueño.

Dejamos todo lo necesario – convertido automáticamente en innecesario – en el lugar de la custodia, junto con el didgdiridú del Nico, para hacerle tierna compañía.

El hombre usó su radio y se comunicó eficiente con el control del Huayna. No era completamente tarde, aun no estaba todo perdido: Todavía quedaban 10 vacantes de ascenso.

Nos tomamos las nalgas con las manos y atravesamos a la velocidad del Chile la Ciudad Perdida de los Incas. Fue una pena. Corrimos todos desesperados, semimedioignorando las construcciones de piedra y los misterios sagrados de esta ciudad bendecida por el tiempo.

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Con gotas en la frente, llegamos al control de ascenso para la cumbre de todas las cumbres. El hombre aquel, Cesar Romano para el ascenso del Huayna picchu, estaba ampliamente apoderado del enorme libro de registro de visitas. Nos analizó brevemente, sin analizarnos realmente y sin una sonrisa que demarque maneras honestas de ser amable, nos pide las entradas.

– Las entradas, tu las tienes.

– No, yo te las pasé a ti.

– Como?

Las entradas quedaron en la entrada con las cosas innecesarias y el digdiridú del Nico. Después de nuestros puñetazos e insultos por la irresponsabilidad cometida, el hombre del sagrado libro de ingreso nos dice bastante harto de todo aquello, que firmemos el libro y nos largásemos veloces al carajo.

El ascenso al Machu picchu es mas que nada un entrenamiento. Un breve lapso de preparación para el infierno. El Huayna, es en si, la representación clara del sueño de Dante.

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Si hoy un ingeniero respetable recibiera por encargo un decreto presidencial para construir una escalera en el Huayna Picchu, de pié bajo aquella conglomeración gigantesca de rocas, sin dudar, hubiese tardado 6 segundos en responder:

– El pico. Es imposible.

Y ahí hubiese quedado todo el grave dilema.

Pero imagina a la vez al joven Atahualpa, de pié también bajo la misma montaña en cuestión, hubiese tardado los mismos seis segundos en reaccionar, que al séptimo de tardanza, ya se le iba la vida junto con su cabeza, que rodaría bajo las escaleras de piedra que construyeron sus hermanos.

El joven Atahualpa, (en la sabiduría innata de conocer profundamente las costumbres incas, por ser el mismo y personalmente, un muy completo inca de nacimiento) sabía muy bien que ante toda duda, era mejor lanzarse al suelo desesperado a martillar la roca sin pensar en la insensatez…

… era preferible rodar por la montaña asesina y destrozar su cabeza contra un muy bonito suelo 600 metros mas abajo, que ver latiendo su corazón, en la mano de otro fulano.

Y así fue como se construyó aquella escalera: Con magia. Porque de ciencia, pocazo se avanza. Se esculpió la montaña para generar escalones de roca.

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Una hora (1), debiese demorar aquel ascenso de corduras inalcanzables. Nuevamente fuimos obedientes a las costumbres incas tradicionales. Pero la transformación que da lugar a los paisajes, fruto de la perspectiva de quien alcanza las alturas, es claramente impresionante.

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El huayna picchu, es una montaña loca, que en su cumbre alberga suicidas templos y terrazas de cultivo. Dichas estructuras, son utilizadas también como un muy efectivo regulador demográfico de control poblacional: Es decir, ayudan a evitar que se dispare el crecimiento en la población.

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Y la risa loca, surge nuevamente, con las patitas colgando ante aquel abismo espectacular. Mientras vemos desde las alturas, aquellas terrazas, que labradas con sangre, se adherían mutantes en paredes verticales de roca inalcanzable.

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Ni hablar de construirlas.

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– Eso es de salvajes –

– Atahualpa! El rey tiene diarrea con sangre y necesita que bajes ahí y le traigas la “hierba mágica del ano sangrante”.

– Dices tu, que baje… ¡¿ahí?!

– Si, Atahualpa…

– El pico. Ni cagando.

– QUE DIJISTE QUE!?

– No, no. Decía “Que rico, bajo cantando”

Y ahí con toda la risa, sentados en la cima del mundo aún con las patitas colgando, una mariposa aventurera de bellos colores, amistosa aterriza en mi rodilla.

No voy a decir lo que pensé.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Dana dice:

    maldita puta de vida ligera! :(

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