Un motivo para quedarse.

Ayer en la mañana ha llegado una nueva perrita a la casa. Se suma a las tres que ya vivían con nosotros. Es una delicia peluda. Una Pastor alemán. 

No soy partidario de comprar perritos, sabiendo tantos que hay en las calles que necesitan una familia que se preocupe de ellos. Mi papa insistió en un Pastor alemán, por el porte que alcanzan, su inteligencia y su habilidad para cuidar la casa. 

Mira que con un labrador y dos basset hound no hacemos gran cosa a los ladrones, aparte de moverles la cola y languetearles los dedos de las manos. 

Mi papa quiso Pastor alemán, Pastor alemán se dijo. 

Es una cosa chica tremenda. No ha cumplido todavía un solo día y ya la adoro. No tiene nombre todavía. Debe elegirse con calma: lo acompañará toda su vida. 

Duerme aquí a mi lado. Duerme, a medias que esta llena de pesadillas. Debe ser por la extrañeza de dormir por primera vez sola, luego de dormir con sus seis hermanas. 

Mi papá quiso perra, después de convencerse bajo miles de hechos, que una perrita es por lejos mejor que cualquier perro: son mas señoritas, respetables y educadas. Son mas de la casa, se comportan, no son agresivas, territoriales, ni sueltas, ni locas. Tienen instinto de madres, y cuando hay otra perrita en celo cerca, no se pierden por dos semanas para llegar miserables, flacas, arrastrandose, cubiertas de sangre. Pero con la satisfactoria probabilidad de pensar que es posible que hayan dejado desendencia. 

Las perritas se quedan en la casa. Y si están operadas, no se enferman, ni se llena la casa de perros, ni los patios de cachorros que maman. 

Las perritas son lejos, lo mejor. 

Aquí esta cosa peluda intenta dormir al lado mío, y cada cierto tiempo se le arrancan ladridos escapados de sueños perdidos. 

Me da pena, porque la considero también parte mía, y con el tiempo que me queda en esta casa, no voy a estar con ella para criarla, ni enseñarle modales, ni los bosques, ni los cerros, ni las huellas de animales en las praderas lejanas, para que cuando salga, sepa bien como encontrar la casa.

Me da pena perderme su crianza. Va a ser un gran animalito. Lo es hoy día, que ya se comporta como una dama. 
 
Hace tiempo pensaba, que una solución para amarrarme a un lugar con ganas, sería la opción de tener un perrito que me ponga raíces en las patas, en vez de tener esa loca necesidad de arrancarme cualquier día a cualquier parte de cualquier manera. Sería como un niño que me obligue a sentar cabeza, pero sin niño y sin cabeza. 

Lo he pensado. Hacerme de un perrito, para poder encontrar un poquito de tierra donde echar raíces y encontrar un lugar que le pueda decir casa. Algún día iré caminando por la calle, y llegaré a alguna parte con un cachorritos triste bajo el brazo.

Pero no todavía. Me falta aún que hacer en este mundo errante, como un vagabundo itinerante. 

P.d. Mientras escribía, a esta cosa peluda se le ocurre caerse a su plato del agua. A las 6.30 de la mañana haciendo mantenimiento de cachorros.

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