Injurias ciclisticas alternativas.

Viajaba muy (no tan) contento por la Alameda, con el cadaver en la espalda y la oveja malcriada cruzada por el frente. Era una tarde linda, de colores suaves, tonos de invierno, luces otoñales. Idiotas subestimados detras de los volantes de autos grandes, perros vagos en las calles, rejas, carabineros, y estudiantes. Rayados en las paredes, basura en las veredas, parlantes con consignas demandantes, ruidos. Ruidos de micros, comerciantes cuenteros, ladridos de perros. Bocinas, gritos y frenadas en seco.

Estaba en santiago, que lindo sentimiento.

Bajé el paso, que me estaba cansando, pero le subí el volumen a la musica que estaba escuchando. La sonrisa dibujada, calmada se quedaba, no habia ni bien ni mal, porque celebrar algo bueno, ni llorar nada malo. No debí solicitar emociones. La vida comenzó a enviarlas por borbotones…

Cruzaba Suecia, cuando noté que las grietas del camino las sentía. Sentía como no debía. Y no quise hacerles caso, pero algo no cuadraba. Seguí un par de metros, y ya no eran las grietas. Era la rueda entera, que sin aire, la parte metalica rayaba el suelo.

No dije nada, pero debi soltar un genial CARAJO.

Yo cargado hasta las cachas, sin lugar para nada mas, todavia ni a la mitad del camino, y una bicicleta muerta, desecha, inservible, inutil, deplorable. No dije nada, pero debí soltar otro gran CARAJO. No soy de los que se sientan a llorar, cuando no es la salida del problema, así que agarré todas mis porquerías, y cargado como estaba caminé por la ciclovía, que por el momento era lo unico razonable que se me ocurría. Sabía que tenía que encontrar una bicicletería, pero no sabía donde, ni si estaba cerca, ni lejos, pero no era discutible. Había que encontrarla.

Y de eso se encargaron los ciclistas que pasaban por al lado mio, que me ofrecieron la ayuda que mas pudieron, que en su mayoría solo podían darme consuelo. Genial la comunidad ciclista, se la jugaron como pudieron.

Caminé y caminé, y caminé con una ideología fantasma, en la busqueda de una bicicletería probable, ubicada en algun punto remoto de alguna parte que uno de los ciclistas creyó ver una vez, cuando era niño. Así y todo, era lo mas seguro que tenía.

Habiendo llegado a ninguna parte, y agotados los recursos personales, tuve que pedir ayuda. No se por què nunca me ha gustado pedir ayuda. Me parece una extrañeza de mi extraña personalidad. Pero mi hermano, se las arreglo para informarme de todo lo necesario del mundo de la ciclistica. El problema es que el mundo de la ciclistica no acostumbra a actualizar sus datos, y cuando uno llega a las ubicaciones, ya nada queda ahí para mi.

Ya eran las 7 de la tarde, y santiago se manifestaba en mi temperatura, quitandome toda la que producía. Mi abrigo, el unico que traía, se lo quedó la Jenny, que viniendo de Roma, nada sabía de frios invernales debajo del 0, y yo, sin pensar que tambien lo necesitaría, dejarselo a ella fue una cosa tan buena, que me alivianaba tambien, el peso que llevaba.

Todo lo caminado, me dejo heridas en el lugar donde rozan los zapatos, asi que de volver a caminar nada quería, y fue muy bueno, porque el Danky, pasaría a buscarme en auto, para luego alimentarme y luego llevarme al cine.

Al final, después de todo el jaleo, valio la pena.

Como siempre, salí ganando.

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