Habilidades que SI dan frutos.

Pasé a comprarme un vinito a una botillería charra, simpática, cotidiana, esquinera. Una botellita entretenida, de esas encachadas que vienen con recuerdos envasados de aventuras previas, de chistes repetidos, de personas conocidas.

Pedí el vinito como si fuera la despedida del hermano Manuel.

Lo metí a la mochila todavía preguntándome como lo iba a abrir, pero esas nimiedades fuera de contexto no podían opacar el momento, así que lo tiré igual adentro, aunque se quejara.

Me di las vueltas que pude, no pude encontrar un camino mas largo. Pero en una de esas, preparaba el momento, cuando se me acerca un grupo de tipos, y yo viéndolos decorados con banderas chilenas como bufandas y gorros con mas banderas chilenas, no les di mayor importancia.

Hasta que el tipo que venía al frente me dice algo que yo no entiendo, porque todavía estoy enchufado en mis audífonos mutantes. Me saco los pajarracos para ver que decía y con los oídos libres el va y me dice:

– C – H – I.

Y yo…

– CHI!

– L – E !

Y yo…

– LE !

– CHI CHI CHI.

– LE LE LE !

– VIVA!

– CHI LE !

Quedamos matriculados como mejores amigos. Igual como hacíamos el grito con el Kali cuando jugábamos el mundial, y los gorditos gringos querían escuchar el mítico grito.

Me sentí como en casa.

Llegaron al lado mío y me dijeron que tuviera cuidado que Santiago es peligroso. Les dije que si no estuviera preparado para defenderme, no hubiera salido de mi casa. No se por qué les dio tanta risa.

Tampoco se por qué les empecé a hablar en peruano, como el jugador que metió el autogol. Y rapidito pasamos al argentino, y de ahí al mexicano. Ya había perdido el rumbo cuando les hablé como se habla en Barcelona, y luego como se habla en Sevilla, y luego como se habla en Madrid.

Creo que se me pasó la mano cuando relaté el gol, como si hubiese sido un periodista inglés.

En inglés.

“Que como te llamas, que te vienes con nosotros, que nos vamos a carretear, que no puede ser que te vayas solo!”

Aunque tentado, diciéndoles que no, la única forma en que me dejaron ir, fue con el compromiso de aceptar dos cervezas. Yo ya tenía una botella de vinito en la mochila. Sdos cervezas eran muy extra.

Nunca me había ganado cervezas tan fácilmente.

Voy a tener que explotar la polilingüistia.

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