Un día cualquiera… así como así.

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Tenía hartas cosas que hacer, así que todo fluyó. La Jenny me invitó a almorzar, así que quedamos de juntarnos a las 1 de la tarde en la plaza de armas, justo donde los viejitos se juntan a jugar ajedrez.

Salí de la casa con tiempo, así que pedaleé tranquilo por las ciclovías tomándome todo el tiempo del mundo. Había un sol de lujo que recibía con ganas. Pasaba por plaza Italia, justo cuando empezaba la marcha exigiendo la no utilización de animales en las represiones contra las protestas.

Me dieron ganas de sumarme.

Lo pensé brevemente, pero ya no tenía mas tiempo, así que los miré con un poco de envidia y seguí pedaleando. Pasé por el Parque Forestal, que es un lujo para pedalear, que siempre me siento como si pedaleara en París.

Como si hubiese pedaleado en París…

Me perdí, un poco a propósito que esas calles diagonales que construyen el centro son un poco enredadas. Tenía la intención de subirme a una vereda, pero un viejito gil que iba a pie, tuvo la ocurrencia en el ultimo minuto de bajar por la rampa de las bicicletas y casi casi me lo llevo a la plaza de armas conmigo.

Me dice:

– Ten mas cuidado hombre, por el amor de dios!

Era Héctor Noguera.

Me dio risa, así que no le dije nada.

Llegué a la plaza y de la Jenny, nada. Esperé sentado, mientras los niños corrían con globos en la mano. Cuatro juegos de ajedrez batallaban sin ganadores a un lado de la pérgola, donde unos músicos tocaban marchas bolcheviques. Grupos de extranjeros sacaban fotos a las cúpulas de las torres, mientras perritos vagos, tomaban sol en las bancas con la esperanza de que les cayera algo del cielo. Bancas en las que algunos mendigos mascaban pan, con miradas tristes, sombrías pero despiertas. En la pileta los niños se mojaban las manos, y un predicador que no vi, allá lejos condenaba a los pecadores a los tormentos del infierno: Fariseos! Gritaba.

Entre las mesas de los ajedrecistas, vi aparecer allá al fondo a la Jenny. Tenía la misma mochila que yo llevaba en la espalda. Mochila que ella compró en el mismo barco en el que un amor del pasado, tuvo la genial idea de regalármela a mi en una forma muy rica.

Jonnypollo! – Le grité.

Abrazos.

Fuimos a amarrar mi bicicleta en una banca de la plaza, no en cualquiera. La del retén móvil de carabineros. No me funcionó pedirle al carabinero a cargo que se acercara un poco a la banca para encadenar la bicicleta en su bota.

Me despedí con la esperanza de volverla a ver, y nos fuimos con la Jennoca a una picada de ella. Una picada chora, de estas del pueblo, una de estas entretenidas, pintorescas, cototas, agalladas. Nos atendió un garzón negrito, con aires de panameño y pelo cortito lleno de rulos, como un algodonero de Alabama. Pedimos una chorrillana y cerveza.

Conversamos de todo lo postergado, de tantas conversaciones que habían quedado pendientes. Dejamos algunas para el futuro, pagamos, dejamos la propina y partimos.

Había un sol de lujo, así que había que aprovecharlo. Fuimos a buscar a la Cata, que estaba en el mismo lugar donde la dejé, y fuimos a comprar unas cervecitas. Caminamos hasta el parque forestal, y encontramos un lugar de cuento donde nos sentamos y empezamos a bajar las cervezas, pero escondidos de los carabineros que se paseaban por el parque molestando a la gente.

El tiempo pasó comiendo bolitas de trufas de chocolate, mientras un caballero le daba color al parque despegando un helicóptero de juguete, que tuvo que aterrizar rápidamente cuando fue la atracción de dos perros que corrían a su encuentro. La Jenny, capturaba luces de los niños y los colores que quedaban para siempre en tarjetas de memorias. Grupos de amigos sentados fumando, escondiendo cervezas bajo las mochilas, parejas de enamorados acostados en el pasto mirando el cielo bajo los arboles que proyectan sombras amigas alargadas entre los trazos que dibuja el sol en el aire.

Me mataba de la risa mientras la Jenny maldecía una paloma por haberle lanzado una bomba de mierda en sus pantalones, cuando una me lanzó un montón de caca que caía directo en el centro de mi cabeza.

La paloma debió decir: Eso es para ti, que te ríes tanto.

La Jenny, como es mujer, tiene que generar problemas y le dieron ganas de ir al baño. Y cuando a una niñita le dan ganas de ir al baño, hay que IR al baño. Así que le dije que fuéramos al museo de Bellas Artes, que pensé que conocería un día pero terminamos comiendo helados y tomando el te.

Preciosos momentos.

No quise volver a intentar entrar, hasta ayer.

Pagamos la entrada y pasamos fugaces por el grandioso hall central rumbo al baño. Nos encontramos en la escalera, y ya ligeros, caminamos por el museo completo. La Jenny como buena artista, iba y me explicaba cada detalle, técnica y obra mientras caminábamos despacio por los salones, impedidos de sacar fotos, para reproducir obras “irreproducibles”.

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Recuperamos las mochilas rato después, y salimos a la calle. Recuperamos a la Catalina que había quedado amarrada en la escalera, y caminamos por el parque, donde encontramos una banca, donde nos tomábamos las cervezas que nos quedaban, reíamos y comíamos galletas que una señora reumática y coja nos ofreció con vos autoritaria, pero adorable.

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Tenía que asistir a una cicletada contra el sistema de mierda que abusa de todo lo que esté relacionado con la obtención de mas dinero sin importar como, pero ya era tarde, y con la Jenny en el Parque, me daba lo mismo.

Estaba donde quería.

Caminamos por el centro buscando UNA cuerda de guitarra para Felipe, pero a esa hora ya estaba todo cerrado, así que fui a dejar a la Jenny a la micro en la Alameda.

Abrazos.

Se da vuelta y vuelta me doy yo también, que vivimos en los extremos opuestos de Santiago. Me pongo mis audífonos, me voy subiendo a la Catalina y veo que por la mitad de la calle vienen unos 40 ciclistas.

Es que esto no puede ser!

Y me meto entremedio del enjambre de ruedas. Altiro aprendiéndome los gritos y las consignas de protesta! Que cosa mas encachada darle al pedaleo en masa. Llegamos todos juntos a la moneda, hacemos un giro grandote entre los gritos y cantos, y llegamos al frente, donde otra muchedumbre estaba parada de frente a los carabineros con letreros y mas gritos, carteles banderas y cosas.

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Nos estacionamos todos juntos al lado de ellos, y nos sentimos como héroes de Chile, porque se acercaron a sacarnos fotos y a felicitarnos por el apoyo, y saludos y abrazos y cosas. Prensa y televisión.

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De lo mejor.

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Mas gritos y mas cosas. Dejé la Catalina ahí en confianza, y me día una vuelta para reconocer el terreno. Me hice amigo de la mayoría y ya estábamos juntos abrazados como amigos de toda la vida.

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Me dicen que se organiza un circuito ciclístico, que vamos a partir. La gente se prepara, todos arriba de sus bicicletas, y derrepente, una moto de estas gigantes, de carabineros se pone delante. Yo me pregunto si van a haber problemas, y ya me voy desilusionando, cuando me doy cuenta que la moto es escolta.

ESCOLTA!

Que me decís Tito?

Partió la moto, todos los ciclistas en manada detrás, y al final, otra moto. Fue tal el fervor que se produjo, que toda la masa de personas que quedó al frente de la moneda, agarró todos sus carteles, banderas y cosas, y partió corriendo detrás de nosotros.

Fue cuando hizo su mágica aparición, el nunca bienvenido: Guanaco. Y con su chorro ancestral escupidor a presión de aguas malignas, barrio a todos los corredores que venían detrás de nosotros.

Alguien dijo: Fotógrafo! Saca las fotos!

Paro, giro y me voy hacia atrás. Pero la moto de la escolta viene hacia mi, y detrás el guanaco. Una niña que venía de atrás me grita bien fuerte:

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– ARRANQUEMOS!

Y volamos de nuevo para el frente, alejándonos del guanaco y donde estaban los demás ciclistas. La escolta fue cerrando el trafico por las calles que íbamos pasando, y nos sentíamos como embajadores y presidentes visitantes. Las motos cortaban todas las calles y todo el centro nos perteneció.

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Dimos un giro por la plaza de armas, y la gente se apelotonaba al vernos pasar. En el camino se nos fueron uniendo mas ciclistas, y terminamos todos en Plaza Italia.

Mi asiento empezó a dar jugo de nuevo y en dos minutos apareció un tipo con un set de herramientas que dejó todo perfectamente en su lugar.

Los ciclistas son solidarios y geniales.

Se despedían todos y organizaban la otra junta con gritos y cosas revolucionarias. Me estaba despidiendo para irme a la casa cuando suena mi teléfono. Trato de contestar, pero no escucho nada.

  • – Alo?
  • – asdasda!
  • – Que?
  • – fasdasdjdsa
  • – No te oigo!
  • – adasdsa COÑO!!!!

No podía ser otra persona. Celeste. En los 15 segundos que hablamos me dijo que van a la piojera, y me preguntaba si iba.

Obvio.

Celeste es de un grupo de españolas que viven en Chile desde hace un tiempo que tuve la suerte de conocer en poco tiempo cuando viajaron de paseo a Temuco.

Di media vuelta y partí con unos ciclistas ahora amigos, de nuevo por el Parque Forestal al metro Cal y Canto. Me dejaron en la puerta y se despidieron.

Abrazos.

Gente muy genial.

Voy a la puerta y pregunto para entrar. Que no se puede, que están cerrando, que van a hacer el inventario. Me olió a mentira pero no dije nada. En dos minutos llegaron las niñas. Celeste y Ainara. Pero venían con la hermana de Celeste y Anita.

Abrazos y llantos.

En poco rato estaba decidido, nos fuimos todos a la casa de las niñas. Compramos cervezas como para emborrachar un elefante alcohólico, Anita cocinó y llegaron mas invitados. Que se armó el bailongo, zapatos afuera y mambo. Gritos y canciones. Risas.

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Pura alegría.

Se despedía la noche cuando le dábamos la bienvenida a la mañana. Me ofrecieron quedarme a dormir, pero es mas seguro pedalear de noche con las calles vacías que una mañana llena de micros asesinas. Además las chicas viajaban a Argentina en la mañana y quería dormir bien.

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Agarro la Catalina y nos vamos juntos rodando por las calles. Estaba en calle Huérfanos, así que pasaba por el centro mismo, y me llevó justo donde un grupo de estudiantes organizados excelentemente, han creado un movimiento llamado 1800 horas por la educación, que es la cantidad de millones de dólares necesarios para obtener la gratuidad de la educación publica en Chile. IMG_0010

Desde que partió hace 950 horas atrás, ha habido siempre un estudiante corriendo con una bandera, en todo momento, alrededor del Palacio de la Moneda. No se ha detenido nunca. Es como una maratón con intervalos en favor de la educación chilena. Hace rato ya que me venía diciendo que tenía que hacer mi parte, pero hoy dije: Basta.

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Así que llegué y les dejé mi bicicleta. Me saqué la mochila y la chaqueta. Me anotaron el nombre y el RUT en un libro de bitácora y me preparé. Allá lejos venían dos personas corriendo con sus banderas. Se van acercando y toda la muchedumbre los recibe con gritos y aplausos de animo.

Eran las 5.30 de la mañana y había una tremenda concurrencia. La niña que llegaba, dijo “no puedo mas” y me pasó la bandera.

Fue cuando empezó mi experiencia como corredor por los estudiantes. Éramos solo dos. El, corría con una bandera negra y yo con la chilena. Nos dimos la mano antes de llegar a la esquina, y nos fuimos conversando durante toda la vuelta.

Pensaba dar una sola vuelta, para cumplir con el movimiento, pero fue imposible. Pensé lo increíblemente grande que se está haciendo, el compromiso de tantos por tanta gente que no hace nada, y lo que se puede hacer para lograr el cambio. Un cambio que podría cambiar la vida de tantos otros, y me dije: No.

Yo sigo.

Mi amigo de vuelta, se despidió antes de llegar a la partida, y ya había alguien esperando por su bandera. Gritos y aplausos, como si fuera una carrera de las de verdad. Voy corriendo con mi nuevo amigo, y empezamos a conversar cosas de todo un poco.

Es una relación especial la que se establece con alguien que corre a tu lado por una causa tan noble. IMG_0145

Llegamos de nuevo a la partida y se sumó otro tipo. A mi ya se me notaban los pasos, no en el cansancio, sino un dolor intenso en las pantorrillas, como si estuvieran tensas, estiradas. Mi amigo me animaba a seguir adelante, y bajaba la velocidad para que fuéramos mas lento.

Es otra cosa.

Así y todo me prometí correr hasta que no pudiera mas, y así duré 5 vueltas mientras empezaba a clarear la mañana. No me podía las piernas. Calculando son mas o menos 4500 metros. No es nada, me contaron que muchos han corrido dos horas y bajo la lluvia. Me quedé un rato conversando con una niña que estaba frustrada porque el movimiento llevaba dos meses y no se veían resultados.

Los resultados se van a ver en años… imposible generar un cambio tan radical en tan poco tiempo. La esencia del cambio se transmite en volver a redactar la constitución y asegurar nuevamente los derechos civiles. Me puse de nuevo mis ropajes, me despedí de todos y cuando me subí a la bicicleta, me di cuenta que había cometido un error: La imposibilidad de correr esta fuertemente asociada a la imposibilidad de pedalear.

Y la vuelta a la casa fue un suplicio. Nunca en la vida se me había hecho el camino tan largo como nunca en la vida me alegré tanto de haber llegado. Incluso la escalera para llegar al segundo piso fue un tormento.

Los viajes, la cicletada y la corrida, fue mucho para mis rodillas. Después de mucho rato pude recién ponerme de pie. Caminé lerdo al principio, pero luego se fue normalizando. Fui al súper, compré lo necesario para dos días, preparé todo para mañana, y me vine a acostar.

Que días se viven aquí en Santiago…

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pauladriana dice:

    la parte más bonita es cuando hablas de la jenifer que es la amiga más bonita que puedes tener.

  2. Rosario dice:

    Linda tu amiga la Jenny! No la conozco pero ella parece muy simpa. Que sonrisa tiene..

    Que gran día tuviste jovencito. Genial tus fotos pero tienes que cuidar tus rodillas. Vas a subir Machu Picchu de nuevo, con esas mismas rodillas que tienes..

    Saludos desde NY. (Lllegue hoy.) Beso!

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