Ni tu, ni yo.

La vida me persigue, y yo, escondido en cada esquina, evito que me encuentre. Cada vez me encuentra, agazapado en el silencio, mientras un alma dolida camina en pena por el patio y la tristeza se lo lleva.  Todavía se ven en sus lentes los restos de lagrimas que estallaron de sus ojos. Lo escucho hablar, el silencio es el mejor consuelo cuando las palabras no llenan el vacío de una partida. Un abrazo es suficiente para compartir la angustia, aliviar la soledad, ponerle un nombre a la amargura. Mientras habla despacio, veo su mirada perdida, y su angustia es la mía. Agradezco estar presente: me ha tocado ya y nuevamente llegará mi turno, en que alguien, escondido de la vida, agazapado en silencio en una esquina, aparezca de pronto para fundirse conmigo en un abrazo, en un momento de pena.

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