La laguna de los patos.

El día pintaba para bueno. Estaba ese sol, pero ese de primavera, que es bien recibido. Agarré a la Francisca y partí a la laguna de los patos. Veníamos a veces para acá con un poco de pan para alimentar patos y otros bichos desconocidos que aprovechaban la maravillosa ocasión de la comida gratuita. Hoy vine solo con la Fran. Nos metimos al ripio suelto, pero el peor ripio suelto de toda la vida. Varias veces estuvimos a punto de sacarnos la chucha, pero yo creo que aprendimos. Estuvimos practicando giros cerrados, ochos y frenadas en seco, pero sólo hasta que empezó a salir olor a quemado de los frenos. Puedo decir que frenamos. La Fran tiene ese talento innato para detenerse en cero.

Después del jaleo vine a sentarme a la orilla del agua. Se escuchan los ecos constantes de las ranas gigantes que se llaman unas a otras invitándose mutuamente al mambo cósmico de la poligamia. Ahora no es un lugar secreto, como lo fue hace varios años, pero sigue siendo un lugar muy bello. Quizás las generaciones que pasan, puedan empezar a venir aquí, y tener alguna idea de lo que podría significar vivir en una ciudad bonita. Quizá si aprenden, pondrían parques como este, en los lugares donde brotan los centros comerciales.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Asumo que la fran tiene dos ruedas – ¿Donde esta esa laguna? Cuidate

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