Caballos.

Estaban amarrados a una carreta en la vereda al lado de la calle. La gente pasaba por al lado, apartándose de ellos como si fueran leones, como si no existieran, o como si fueran estatuas. No daba la impresión de ser seres vivos esclavizados, pero profundamente cansados y aburridos. Cuando me acerqué, les estiré la mano y les hice cariño en la frente. Seguí caminando y los dos se dieron vuelta a mirarme. Quien dijo que los animales no tenían sentimientos?

Ahora camino y tengo olor a caballo en mi mano, y se me vienen todos esos recuerdos de campo, de bosques, de ríos, de carreras y saltos.

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