De los árboles y su suelo.

Pasaban las nubes arriba de nosotros dibujando veloces sombras en el cielo. Los árboles de la Coyi se movían con el mismo viento que empujaba lejos las nubes presentes y traía otras ausentes. Los árboles se movían enteros, en su más mínima molécula, en su más mínima expresión, tratando de oponerse al viento. Moviéndose hasta sus raíces tantos metros dentro del suelo, agarradas en lo profundo, protegiendo al árbol del empuje, del movimiento. Empecé a verlos como viejos lindos, lindos y cansados que no tienen más remedio que ser y seguir. Árboles buenos, testigos y ciegos. Sordos y atentos. Los imaginé alrededor de nosotros, contentos por nuestra visita, y todas las futuras.  De los amigos que traeríamos, los momentos no vividos. Me imaginé que nos veían con cariño, como si quisieran que nos quedáramos harto, para acompañarlos.

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Me di vuelta, miré a la Coyi y le pregunté que creía que pensaban los árboles de nosotros. Sin mirarme, me contestó en su susurro seguro:

“Y estos weones a ke hora se van a ir?”

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. la Coyi dice:

    mentira!! dije: y estos weones a ke hora se van a ir?

    1. mrcntx dice:

      Tamaña diferencia debe ser inmediatamente corregida, dios santo carajo.

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