Diablo, el arcano.

La encontré en mi billetera hoy día durante el almuerzo, mientras guardaba la plata. Se me había olvidado que después de todos estos años, todavía la tenía guardada. Estuve pensando bastante como hacerlo para deshacerme de ella, pero no pude encontrar ninguna forma que me convenciera, así que la dejé ahí sin decidir nada. Tenía que ser perfecto. Tampoco era tan relevante, pero me gustan estos juegos emocionales que crean estas situaciones enrollosas innecesarias..

Catorce horas después, en otra casa y con harto vino y sour chupeteado de contrabando, me la volví a encontrar en la billetera, mientras nos reíamos como si no nos hubiésemos visto en años. Le expliqué a medias la intención que tenía para que me ayudara a deshacerme del cacho, pero era tan poco importante que en tres segundos estábamos muertos de la risa por cualquier otra cosa. De nuevo se me olvidaba ahí, en su insignificante importancia.

Ya amanecía, una lluvia suave caía por todo el suelo. El cielo era gris, y tenía la calle entera para mi solo, me mojaba despacito, tan contento, con una cosa que daba gusto. 

Luego pensé…

– Y la foto, ¿donde quedó?

Y ahí me acordé: Debajo de una copa chupeteada, al lado de las cenizas del incienso, quedaba por fin olvidada y que seguramente, saldría sin ninguna ceremonia con la basura de la mañana.

Supiera…

Fue perfecto. 

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