Un loco amigo.

Lo vi aparecer de repente en una moto igual a mi Francisca pero imaginé que tenía distinto nombre. Me costó acercarme a el, porque era un salvaje, pero lo atrapé en un semáforo y me puse al lado.

– Bonita tu moto, le dije.

Me agradeció, pensando quizás que le decía un piropo, pero luego vio a la Francisca y cachó la talla. A los dos nos dio risa. Le pregunté que tal, me contesto la raja y nos dieron la verde.

Partimos los dos al lado, pero cachó un espacio y adelantó por entremedio. Aaah te gusta el hueveo – pensé. Y me metí también.

Adelantó una micro, como lo hubiera hecho un imbécil, y yo, con menos espacio la hice igual. Éramos un espectáculo los dos, como nos veíamos de lindos en nuestras motitos gemelas deshaciendo todos los tacos, por donde se pueda. Paramos en un semáforo al lado de un auto cargado de niños que colgaban por las ventanas agarrándose las mechas con la boca abierta por el gustazo de vernos ahí los dos estacionados.

Dieron la verde, les grité chao, y el cardumen entero, levanto los brazos despidiéndose con las manos.

Se acabó la ciudad, empezó la carretera, lo adelanté y mientras avanzábamos, el hizo una V con los dedos y yo le hice un Ok con la mano.

Así nos dijimos bacán y chau.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Ya te dije que hay que tener ojo – nunca falta el pelotudo que pasa entre los demás y no te lo sacas tan fácil. Mejor precavido que lamentar

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