Mañana de luz

Había algo raro en el aire, se despertó de pronto. No sabía que era, pero sabía que había algo distinto. Había algo nuevo, algo había cambiado. Se levantó de la cama, se vistió con algo, puso música, tomó un computador y se fue a la terraza. Faltaba el café, así que fue a calentar agua. El sol zizgageaba entre los edificios con destreza. No había nada que lo parara, si era la mañana. Escribió un correo, y se quedó en silencio mientras el sol entraba en su alma. Todavía había algo raro, hasta que pensó en su despertar, en su música, en su café, en su correo, en todo el sol que lo bañaba y fue cuando lo supo:

– Tengo ganas.

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