Yo, mis viajes, el calor y el frío.

He pensado tanto y mucho, que si fuera útil, ya hubiera descubierto la cura de algo. He pensado tanto y tanto, que si tuviera un propósito, probablemente habría inventado algo bueno para el mundo.

Pero he sido egoista, y he dejado a la evolución de la cultura humana en segundo plano. He pensado solo en mi. Lo confieso y no me angustio. Porque ha sido bueno, no para el mundo, porque ha prescindido del infinito conocimiento cosmico sobrenatural de mi don divino, pero bueno para mi, porque he aprendido a conocerme, y he afirmado en mi columna, las bases que determinan mi caracter.

En todo este tiempo, he descubierto que a pesar de que tengo pena, no es por estar solo. Mi soledad siempre la he vivido tan bien, que incluso perderla me altera mi propio ritmo. Siempre he sido tan independiente, nunca he necesitado a nadie, y he aprendido a ser feliz con lo que he tenido a mano. Solito siempre me las he arreglado. Siempre tengo un plan que se va armando solo, como si yo mismo lo hubiera diseñado. Siempre voy con los ojos cerrados, pero abiertos a cualquier cambio, escuchando, siempre atento, al rayo de luz que indica el mejor cruce, la mejor alternativa. Nunca me falta que hacer.

Yo era feliz de mucho antes. Y eso es algo que no puede quitarme nadie. Mi alegría no depende de otra persona. Teniéndome a mi, me basta y me sobra. Y es cuando me sobra tanto, cuando soy consciente de lo mucho que tengo, y con esas ganas tan locas de compartirlo. Hubiéramos estado los dos aquí hablándolo todo, muertos de la risa, o los dos callados en nuestro silencio perfecto.

Mi pena viene de adentro, de no compartir mi alegría con quien lo hubiera disfrutado tanto. La hecho tanto de menos, en cada cosa que hago.

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Ahora voy viajando, no tengo dirección solo tiempo. Hasta donde llegue, de ahí me vuelvo. Los campos pasan tan rápido. El verde se hace tan profundo, mezclandose siempre con el azul del cielo, veloz contra el viento, como si fuera una canción cantada al oído, tan suave como son todos los cambios buenos. Aparecen los puentes con todos sus ríos, y luego todo se detiene, incluso el tiempo. Empieza con el freno, pero luego bajo al río, me olvido del mundo, me tiro al agua, y ¿Que importa nada? No importa ni todo este calor ni todo este frío. Deja que te lleve el río, ¿para que oponerse? Las cosas solo son. Disfruta y aprende, que sin hacer nada, al flotar en el río igual te mueves. Prepárate para cuando te necesites contigo, mientras tanto hay que flotar con el río, déjate llevar.

Y mientras flotaba río abajo, pensaba lo que sería poder compartir este sentimiento, aprender juntos lo bello del todo el universo. No se trata de grandes proezas, si no de la belleza de todos los días, de vivir, como si no hubiera un mañana. ¿Por que perder un día, cuando está tan lleno de momentos tremendos?

Yo no quería una mujer para que me haga feliz. En mi vida, ya había encontrado la libertad de elegir. La libertad de creer en mi, en mis propios sueños. En seguir mi camino, en escucharme hacia adentro, a poner atención a mi corazón, a seguir mi propio ritmo. Ya estaba todo bien, yo ya era feliz.

Era mucho mejor compartirlo todo. Compartir todo este calor, o todo ese frío. Compartir los problemas, jugar en la agresión del conflicto a encontrar las llaves a todas esas cerraduras.

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Eso me da pena. No poder compartirlo mas que en todas estas letras.

Ese soy yo.

Con toda esta alegría, y con toda esta pena.

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