Barro tal vez.

El Pancho toca su guitarra y me sorprende que escuche en directo, la música que busco escuchar mientras duermo. El sonido es tan limpio y carga tanto de vibraciones positivas toda la casa, que aunque la Maureen duerme, debe agradecer en su sueño, el sonido que le llega al corazón desde el living, incluso estando tan acostumbrada.

El pancho está en su estado de energía ilimitada, donde tiene toda la energía creativa disponible en sus manos. Yo también la tengo, la estamos compartiendo. Así podemos continuar creando música hasta la mañana. Siempre pensaba en la vida privada de un Drexler, un Gonzales, un Drake o un Johansen, y ahora se que sería esto:  “un Pancho tocando la guitarra hasta las nueve de la mañana”. Da gusto saber que lo estoy grabando. Esto es lo que viven los músicos.

Me acuerdo de la pena que tenía y aunque todavía la veo como me amenaza, la veo lejana, pero todavía cerca. Como si me mirara con odio, detrás de un árbol, porque la estoy abandonando. Estoy conociendo un mundo completamente nuevo, y me da nostalgia pensar que podría haberme perdido todo esto. La vida es perfecta, lo tuve y lo tengo.

Voy a tocar guitarra como el Pancho, y algún día le voy a regalar mi música a alguien que esté triste. Que bello poder alegrar a alguien con tu música. Tantos años amigo de la guitarra y tan poco que he llegado a conocerla. Ahora veo que se puede y que no es para seres sobrenaturales. Además, ya tengo la mitad del camino recorrido. Lo he decidido: Voy a conocer mi piano y mi guitarra. Mi harmónica y mi Djembé. Voy a conocer mi Kalimba, mi Ocarina, mi Bongó y mi Ukulele.

El Pancho está en trance, y a pesar de que lo estoy grabando, lo que está tocando es algo tan único, que el no podría repetirlo, ni aunque quisiera. Podría ser algo igualmente perfecto, pero de por si, diferente. Esto habría que grabarlo en un estudio, para meterlo en un disco. Esta es la clase de música que yo descargo de internet.

Ahora va saliendo de a poco el sol, y ya se ven sus brazos alargándose desde el fondo del suelo, cambiándole el color al cielo. Aunque todavía se ven las estrellas allá arriba en todo lo negro, todo el borde del horizonte se convierte en un azul super intenso. Todavía queda tanta música, y tantos instrumentos quedan por probar.

La Maureen duerme, y nosotros en esta atmósfera de acordes inventados y armonías perfectas, nos damos cuenta, que también soñamos.

Ya me estoy volviendo canción.

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