Javier es un perdiguero.

Javier apareció un día en la mañana. Lo encontré barriendo el salón despacio, demasiado lento. Lo fui a saludar y me aprendí su nombre. Fue agarrando confianza de a poco. Le quise preguntar si había garzoneado antes, y me contestó que una vez fue repartidor. Me dio tanta risa, que empecé el entrenamiento desde cero.

– Un día, tarde o temprano se te va a caer la bandeja, es inevitable, no te preocupes. Pero te va a pasar una sola vez.

Estaba perdiendo mi tiempo quien sabe con que porquería ociosa mientras jugaba en el computador, cuando escucho un tremendo estruendo del demonio y ruidos de vidrios desparramados.

Ahí estaba el tarado mirándome con esa sonrisa tan ancha que tiene forma de nectar andina.

– Ya se me cayó la bandeja, me dijo riendo. Todavía me mato de la risa cuando lo escribo.

Empezó a moverse mas rápido, a medida que se iba acostumbrando al terreno. Hasta que llegó a la velocidad del Pato. Obvio, era ragbista de su equipo. Pero siempre lo vi encerrado, como nervioso por las paredes. Un poco tímido y bien cortado. No fue hasta que llegué a la cancha para fotografiar el entrenamiento, cuando me saludó un tipo que era igual a el, pero era diferente, porque era seguro y dueño de si mismo. Despierto, rápido, alerta y decidido, se movía con seguridad por todo el campo, con la certeza de agarrar la pelota, o recuperarla a toda costa, como sea necesario. Estaba en su elemento.

13012014-_MG_0072

El Javier era un perro.

De aquí nace la historia que he escrito aquí mas abajo.

¿Tienes algo para decirme?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s