Creadores de un sistema en evolución.

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Encontré un lugar muy adecuado en la plaza, en la sombra de ese árbol, que dejaba igual proporción entre sombra y luz, para que no te de frío ni calor, mientras las sombras van avanzando por todo el suelo. Dejé la bici del Miguel a mi lado, me senté en el pasto, saqué la manta, la puse en el suelo y distribuí las cartas en ella. Encontré una forma muy interesante y eficiente para mostrarlas, utilizando todo ese simbolismo evolutivo del Tarot. Fue apareciendo de casualidad, mientras iba dejando las cartas en la manta, ubicándose cada una en su lugar, manifestando a través de mi toda su energía, como si estuvieran contentas de haber salido de su bolsita. Agregué luego la segunda baraja, y me dio un gustazo ponerla junto a las otras. Esa baraja es un regalo, de esos regalos buenos que llenan el alma. Venían con su cajita dentro de su libro, envueltos en ese papel con esa rosa. Libro que ahora leo con tanto gusto, cada vez que me siento a mirar pasar las formas en alguna plaza.

Pasó por delante dos veces antes de decidirse a preguntarme. Antes del último giro se atrevió y me preguntó si leía las cartas. – Estoy aprendiendo, le contesté. Se sentó en el pasto frente a mi. Luego me preguntó como funcionaba, y le conté: “Cada carta tiene un significado en particular, y una posición dentro de todo el esquema, que tu al desordenar, permiten establecer un flujo de información orientado a tu pregunta”. Y cuanto cuesta? – Me dijo. ¿Cuanto te gustaría pagar? – Le respondí.

– Tengo una pura luca, me contestó.

Tranquilo, le dije yo. Barajó las cartas, me las devolvió y así, hizo la primera pregunta. Hablamos un poquito… tenía una personalidad brígida, super interesante. Tenía un problema grave con la seguridad y la confianza en si mismo. Las cartas le salieron terribles. El mensaje era tan claro y tan difícil de explicarle lo claro que estaba. La gracia del Tarot es que no es un veredicto, si no un camino probable. Fui viendo un poquito como irle planteando soluciones, según los problemas que nos iban contando las cartas. Conociendo el problema, está clara la solución y así fuimos poniéndole luz a todo el problema. De alguna manera fuimos arreglando su futuro, o aceptando con sabiduría lo que podría ser inevitable. Me dio un gustazo caballo tratar de ayudarlo, era un buen tipo. Lleno de rollos y complicaciones, pero de corazón bueno. Me dio las gracias y antes de empezar a partir, sacó su billetera para pagarme. Le dije que no importaba, que al final daba lo mismo, que no se preocupara. Me miró con sorpresa y quedó un poco descolocado. Me preguntó si la bici era mía y le dije que sí, porque hablarle de mis bicicletas era una historia muy larga. Buscó en su billetera y me pasó una tarjeta. Aprovechó de contarme que tenía un taller de reparación de bicicletas, y cuando fuera, en lo que necesitara el me ayudaría.

Sin querer, había echo un gran negocio. Di lo que pude dar, y recibí lo que pudo darme

Sueño con crear ese mundo, en que a nadie le falte nada.  Sueño con ese mundo, tan distinto a este, y mucho mas practicable. Somos semillas de un futuro en inevitable desarrollo.

Somos tu y somos yo. Somos todos uno.

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