Raro, mutante pero super alegre, salvaje pero buena onda.

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Tenemos un perro acá en la casa que le pusieron Cid, pero yo le digo Michael. Según alguien se parecía al Cid de la Era de Hielo por lo feo, pero yo lo encuentro hermoso. Le digo Michael porque tiene un Parkinson cuatico. Pero es tan rico el guatón, que hasta eso lo toma con caleta de alegría. Es un discapacitado super choro, de esos motivantes que vemos en la tele haciendo cosas bacanes por la gente. Este es el Michael. Me cae la raja porque tiene una personalidad super entradora. Tiene también un carácter super entretenido, porque es el perrito callejero feliz y agradecido. De su historia la verdad es que no cachamos nada. Llegó un día caminando solo, perdido, sucio, decaído, casi muerto. Era una mierda de perro. Yo ni lo vi, que andaba de viaje. Me contaron que por ahí había un “allegao”. Su actitud entradora hizo que se aguachara solo, y nadie se dio cuenta cuando cachamos que ya tenía su plato. Ahí estuvo días, hasta que llegué yo y caché que el gordo estaba para irse con los perritos de la película. Tenía distemper, y era medio cachorro. Mi vieja agarró a mi viejo para que lo llevara al veterinario a arreglarle las pifias para poder regalarlo en buen estado. Eso si no se moría en el arreglo. Partió mi viejo con el perro al doctor, y la cosa era grave que había que dejarlo internado. Como 10 días estuvo hospitalizado el huacho, con las mejores comodidades de una clínica de lujo. Junto con el doctor llegaron a la conclusión de que pagar 200 lucas por un perro allegao era mucha la buena onda, y lo dieron “de alta”, para que se viniera a recuperar a la casa. Ahí mi viejo partía a las 1 de la mañana a darle un remedio a los cinco perros, que también se habían contagiado. Yo no quería ni mirar el perro, de hecho lo vi una vez escondido detrás de una ventana. Fue cuando partí a escalar el Nogal de mi vieja, cuando el me recibió en su recinto privado y me invitó a pasar con elegancia. Me trató como si fuésemos amigos de años, y yo no lo había visto ni en peleas de perros, caninos. – Y tu que te crees?, le pregunté. Y en su interminable balanceo de infinita mioclonía, cansado por el meneo se sienta y me dijo muy claramente “¿Para que tanto papeleo si te quiero desde que te olí cuando llegaste a la casa?”. Lo abracé de puro rico al gordo amigo. Lo mas tremendo es su mirada leona. Tiene unos ojos brigidos de puma africano o león amazónico canino o como una raza de una mezcla evolutiva rara, mutante pero super alegre, super salvaje pero buena onda. Cuando terminó su reclusión clínica fue liberado, y al juntarse con los otros perros, no había en la tierra un perro mas ignorado, y mas feliz. Tomábamos once y nos reíamos de el y su paso cumbianchero interminable cuando mi papá pregunta “Y se va a quedar con nosotros o no?”. A mi me dieron ganas de tirarle un vaso, pero no dije nada. Para todos era obvio que el Cid es la parte mas nueva de la familia.

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