Como te odio Jack, Capitulo 5: Por fin la Cata.

Me encanta esto de Santiago, que en el calor de su verano, uno pueda parar en cualquier parque, en cualquier banca a la sombra, para comerte el chocolate que te regaló tu abuela, mas fruta que has ido comprando adonde has podido. Justo aquí, en esta banca está la Catalina junto a mi, y la noto super feliz.

La vi tan vieja cuando la recibí, llenita de polvo y rayones que antes no tenía. ¿Donde estuviste Catalina, que cuando estaba solo, siempre estabas tu para acompañarme? ¿Que te pasó wachita mía que ahora traes hasta un parche?

Cuando le terminé de poner aire y arreglarle los frenos donde un amigo recién nuevo, puse un pie en el pedal y con el movimiento, el otro. Ahí fue cuando caché algo raro… la viejita no tenía ruidos de huesos enfermos, y nada de ese movimiento lento de dolores intensos. La Catalina fluía suave y con ganas, como esos caballos medios prepotentes que han estado en establos por demasiado rato. La Catalina estaba lista para rodar contenta. Todavía tenía esa choreza y todo ese power.

En la banca junto a mi, se le ve sucia pero contenta, como se ve uno después de pelear para defender a un amigo. Está lista para partir. De la Gabriela, partió de nuevo para otro viaje. Necesita un poco de esa energía renovable que le van a ir entregando distintas manos en su camino. Cuando vuelva, ella me va a enseñar a tocarla.

Con la Catalina, todavía tenemos un Santiago entero por pedalear.

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