Yes We Can! (Or we can pretend we can…)

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Hay un sol tibio poco molestoso, agradable y tierno. A veces se esconde un poquito detrás de una nube para irse a jugar, pero cuando aparece dibuja en mi ropa, miles de hojitas hechas con sombras. El viento, viene pleno. Este es un día bueno, estará pensando, que se lo toma con tanta calma, como si ya se fuera luego de vacaciones. Pocas veces y con gentileza aparece para recordarnos con un remezón, que todavía está presente. Mi mochila cuelga en la rama de al lado, con todas las cosas esenciales de este mundo: un cuaderno con su lapiz. La idea era haber partido a Pucón a trabajar en lo de Lenga con el Pancho, pero parecía ser una buena idea quedarse para poder hacer un montón de cositas que tenía pendientes desde hace tanto rato. Así que me quedé y me vine a subir a este árbol.

Me bastaron solo 15 minutos en el, para darme cuenta lo que buscaba tanto.

Me quedaba un rato ahí acostado pensando, y luego me daban unas ganas locas de tratar de llegar arriba por ese lado, en el que no hay ramas. Y vamos buscándole la forma, como se pueda, que la idea es llegar arriba, usando la fuerza y la inteligencia. Vamos viendo, que si no se puede, igual se va a poder por otro lado. A veces vas a tener que levantarte solito con tus brazos, pero hay muchas veces en las que nunca te van a faltar las piernas. Como sea, siempre bien agarrado, que la cosa es seria, aquí los juegos son medios bravos. Te vas estirando bien largo, pero con cuidado, que algo puede quebrarse y todavía no son tus huesos.

La vida es escalar un árbol y en sus ramas hay un montón de filosofía. En sus flexiones y extensiones liberé un montón de cositas que se habían perdido en un cuerpo super rígido todavía adolorido. Encontré respuestas a muchas cosas, pero lo que mas disfruté fueron las preguntas que encontré.

En este árbol hay una rama larga a unos 3 metros del suelo, que parte gruesa pero se va haciendo bien finita. Fui jugando en ella, a imaginar que cruzaba de un árbol a otro, muy alto sobre un río.

– Ni cagando, nunca lo podría hacer, pensaba. Y me daban ganas de bajarme, pero si lo pensaba mejor, en esta rama, jugaba a que en realidad podía. Jugando nos vamos dando cuenta como son las cosas, y aunque a veces nos caemos, la vida es un juego. Aprendemos igual, pero lo disfrutamos.

Voy a escalar árboles y voy a ser famoso. Unos escalan rocas, otros escalan árboles. La filosofía es la misma. Todo se resume en un árbol. Puedo proyectarlo y construir de esto algo grande. Puedo vivir de esto, bajo muchas formas distintas. Vuelvo a ser creativo.

Es lo que hago, la vida es escalar un árbol.

Cuando no se puede, se puede jugar a que si se puede.

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