Cualquier micro te sirve.

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No quería despertarme. Hice todos los esfuerzos para no despertar. Le puse ganas a eso. Solo cuando descubrí que era la hora en la que tenía que estar en el trabajo salté de la cama. Miro para afuera y digo en mi mente: Carajo, me voy a mojar. El otoño venía con ganas y un día antes de su llegada, ya había empezado a molestar.

Al final según el pronóstico y contra todo pronóstico, no me mojé, porque partí en el auto de la Qucky. El viaje no me pareció en realidad nada, sabor a agua. Mas que la que caía del cielo, mas de la que te tragabas de todos los autos que la iban mezclando con barro. No me pareció nada, pensaba en otras cosas.

Elegí quedarme en el restaurant para avanzar en varios proyectos pendientes que requerían atención inmediata, aunque no tuve ningún problema en recibir a la Anna, que apareció de repente, escondida detrás de esa sonrisa cargada de malicia culpable con la que se divertía sacando todos los pétalos de la flor que no tenía nombre, mientras el restaurant entero descansaba de sus clientes para cansarse de nuestras risas y barbaridades.

Fue solo muy tarde, ya de noche, cuando poníamos la última llave, y encendía ese motor para encaminarme hacia la casa. De a poquito fue soltando esa tibia atmósfera en el frío de la garuga nocturna, y llenando mi pequeño ambiente de música buena para manejar de noche. Solito el franchute se fue llenando de buena onda, mientras nos movíamos por la carretera y las luces de allá arriba se alargaban como dedos, jugando a dibujar con sombras.

La suavidad de su movimiento notable, su propia atmósfera, su comodidad y su música me hicieron recordar lo rico que es manejar a veces, cuando afuera llueve, hace frío y no escuchas a nadie. Agradecí volar suave por las calles brillantes, mientras cada luz iba grabando en las retinas de todos, la presencia constante, lo bonito de vivir el frío del sur de chile. Creí criticar antes a los que viajaban en auto, sin darme cuenta lo rico que puede ser, si disfrutas lo que tienes.

Lo habría disfrutado tanto, en moto, en bicicleta o a pie.

Ese era el punto: disfrutar el presente. Lo que tienes está bien, lo que tuviste o lo que puedes tener. Todo está bien. Cualquier micro te sirve, porque con todas podemos llegar a donde queremos. Me sentí contento atravesando el viento mojado hacia la carretera infinita, sin mojarme y sin frío. Todo está bien, lo puedes cambiar si quieres. Eso también está bien.

Nadie puede ser libre bajo expectativas que se esperan. La libertad solo llega cuando acoges, cuando recibes, cuando entregas. La libertad no se da, no se entrega. No se busca.  La libertad se decide, se define en si misma.

Se acepta.

¿Eres libre?

(Si… ¿Pero eres libre?)

¿Tienes algo para decirme?

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