Tremendo ser viviente.

Ya con sus años, alto, de pelo manchado, siempre sonriente y muy alegre. Trabajaba como auxiliar en un bus, que aparentemente estaba listo para partir. En la inactividad de su trabajo, se las arreglaba para mantenerse ocupado mientras caminaba por el andén llamando a la gente a subir a su bus.

– A Osorno! – les gritaba. A Osorno a Osorno, les repetía.

Como si tuviera la intención de convencer a la gente que iba pasando, para que fueran a Osorno con el, en su bus. Se veía con la esperanza viva de llenar su bus con posibles pasajeros que no tenían claro realmente donde viajarían.

– Caballero, la verdad es que iba para Santiago, pero usted me pareció tan simpático que me dieron ganas de irme a Osorno con usted. Me convenció!

Y cuando apareció uno que en realidad iba para Osorno, mientras tomaba las maletitas del pasajero, vi en su cara el triunfo de haber podido dominar el control mental.

El bus partía lentamente hacía atrás y nuestro caballero caminaba hacía el bus despacio cantando “A Osorno, a Osorno” mientras miraba a todos lados a ver si todavía era o no posible calzar a otro.

El bus ya iba avanzando cuando dio la última mirada hacia el anden, llamó a Osorno una vez mas, y cuando se cerraba la puerta, imagino le habrá dicho al conductor un resignado “Listo, vamos no mas”

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