Te vendo un zapallo.

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La luz está apagada y es un cacho escribir en un computador a oscuras. Cuando hacía mi mochila, agarré esa linterna USB que son de esas porquerías que vienen de regalo cuando te compras un pan tostado, porque nadie sabe como venderlas, y que por tarado ignoré al considerarla tan inútil. Mas gil soy todavía por ser yo quien he apagado la luz para estar oscuro. Es que estar al frente del fuego con la luz apagada es un lujo que no comparten todos los vivos. Este es el mismo fuego que nos iluminaba anoche la noche, mientras nos esparcíamos juntos arrastrándonos por este suelo. Así voy recordando esos momentos vividos tan buenos.

Sigo la celebración, que haber terminado un ciclo solo comienza otro, y no se me acabaron las ganas de hacer cosas. Hoy se me ocurrió una tontera imbécil de esas que no valen nada. Pero le di color y la publiqué en facebook. Me preguntaron si quería vender unos zapallos que aparecían molestando por toda la casa, y tuve que hacer un trabajo de expedición para encontrarlos a todos. La idea la tenía super clara, solo había que darle cuerda al cuento. Cada zapallo tenía una vida, una historia, una motivación. No era solo un zapallo de mierda, no. Era un zapallo entretenido, con un cuento detrás. Algo interesante que contar.

Así que los fui agarrando uno por uno, y los alineé en un escenario que hice arriba de la mesa del living de la Tía. Preparé un estudio de luces con reflejos y rebotes, usé colores. Profesional el cuento, bien hecho. Me costó, me llevo caleta de horas. Fue una sesión de verdad. Si vamos a vender algo, vendamos. Seamos innovadores, generemos un cuento entretenido y motivante. Algo que de para empezar a hacerse escuchar.

Después preparé la portada y me traje todos los zapallos a la pieza donde estoy ahora. Preparé un set con puras texturas. Colgué una manta del clavo que afirmaba a la pared el cuadro donde estaba colgado el titulo del Tío Mito, el papá del Pancho. No se fue si fue la fiebre, pero me dieron de ganas de moverlo todo y me sentí bien cara de raja, pero aplicado. Por algo es arte.  Ya tenía hechos jirones los brazos de mover tanto zapallo, cuando pude acomodarlos a todos en ese escenario. Preparé con mantas un set de texturas ricas que pegaran bien con el color de los zapallos. Oscurecí la luz de la ventana, prepraré el flash y PUM!

Ya tenía la portada.

Perfect, todo bien, vamos para adelante. La parte mas difícil fue el photoshop, que fotografía cacho, pero poco de diseñador. Y me pesa caleta, porque todavía están todos los procesos creativos a medias, antes de que encontremos la forma de expresar nuestras ideas en el diseño hecho por un computador. Así que vuelta a retomar todo lo digital, para empezar con el avance. Aprendí caleta de photoshop con esta sesión y cuando terminé, me di un gustazo de esos que se dan los viejos cuando pueden pagarlo.

Empecé a redactar la historia, y descubrí que el Pancho me odiaría al publicarla. Su obsesiva perfección no tolera medios pasos. Y yo que voy a medias en todo, me cuesta ponerle tanto color a algo. Bueno así voy creciendo… avanzo mas lento, pero avanzo con algo bueno. Así por lo general hay que ir a su ritmo, con sus arreglos, con sus modificaciones. Todas buenas, necesarias y relevantes, pero lentas. Lo que sí, considerando que quería sacar esto hoy, la verdad es que me importó una raja el Pancho y lo publiqué a cagar.  No le quedaría mas que aceptar que ya se había hecho y que había que avanzar. Desde Santiago no le quedaba otra oportunidad, que viajó con toda su familia a un matrimonio por allá lejos, y me dejaron a mí a cargo de esta casa, aunque medio en cama, me cuesta un kilo aprovechar.

De a poquito a poco, me voy también consolidando. Lo rico de esto es que es una imbecilidad. Pero una imbecilidad innovadora que se puede ver bien. Eso es lo bacán de esto: – – – D E J A R   D E   H A C E R   L O   M I S M O – – –  Salirse del camino y empezar a ver lo que hay mas allá. Y allá hay tanto que ver…

¿Quieres venir a ver conmigo?

Te prometo que te va a encantar.

Así suena la música que llena este ambiente vacío, en esta casa tan grande, tan propia y tan ajena. En la oscuridad tibia de ésta estufa crujidora, en sus estatafadoras chispas atrapadas, en esta soledad tan oscilante, me doy un gusto de esos gustos que se dan los viejos cuando lo pueden pagar.

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