Tengo un dedo crack!

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El 21 de diciembre durante un viaje, tuve la excelente ocurrencia de hacer un sendero de montaña a pata pelada, con la mala fortuna de patear con ganas y bastante decisión, una escalera solida construida con raíces de árboles. Sentí el crack de mi dedo gordo, pero asumí mi condición de ser un ente despreciable por tamaña ridiculez, y me prohibí quejarme. El dolor lo aguanté bien, pero comprendí varios meses después que había sido una luxo fractura cuando comprobé taradamente, la inequívoca formación del controvertido “callo oseo”. Que es ni mas ni menos, un atolondrado parche permanente de formación de hueso nuevo, que permite unir las partes que se habían quebrado.

Al carajo, que bien, pero el dolor debería haberse acabado. Nada de eso. Fue solo la intensificación del dolor lo que me hizo recordar aquel paseo, y la consecuencia osea de mi estupidez latente.

Me sentí bastante idiota de presentarme ante un doctor para contarle mi historia, además algo se de regeneración osea. Todos tenemos la capacidad de la autosanación, y ya lo había comprobado directamente en mi cara, donde tenía un raspón horrible que me daba la apariencia de un delincuente, lo que pude sanar completamente en un tiempo record, digno de analizar por la ciencia. La prueba está en que enfoqué mi recuperación solo en mi cara, y las mismas heridas que tenía en las manos, todavía les falta fecha de recuperadas.

La decisión estaba tomada, revisé bien el callo que tenía la apariencia de un nudillo de mis manos y hacía desviar el dedo gordo hacia uno de los lados, y con firmeza tomé mi dedo carente de movilidad articular. En una actitud barbárica de proporciones, lo fracturo de nuevo yo mismo pero con la fuerza de mis dedos. Esta vez el crack fue mucho mas claro y bastante menos sensato. Cuando escuché, percibí y noté que algo dentro de mi dedo se había claramente quebrado, aguanté muy callado el inaguantable dolor, y me dediqué al mismo tiempo a articularlo en todos sus posibles lados, mientras escuchaba como se iban fracturando las protuberancias internas en todas sus direcciones.

El dedo ya estaba libre nuevamente de moverse, ahora podía sanarse correctamente. Aproveché todos estos días de inmovilidad, para concentrarme en una regeneración mas adecuada, y me dediqué a supervisar personalmente la regeneración. El dolor se mantuvo constante por un tiempo, pero pude manejarlo con irreverente tozudez.

Tres días después, el callo había desaparecido, desapareció también el dolor y había recuperado la flexibilidad de un dedo que por cinco meses había estado trabado. Tengo movilidad completa…

… y ahora ando dereshito.

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Si podemos controlar la recuperación de una fractura, podemos intervenir en los procesos internos que queramos. Básicamente, podemos elegir enfermarnos. Es posible mantener abierto el canal de comunicación que existe entre el cuerpo y la mente, del que generalmente nos olvidamos.

La mejor forma es que independiente de lo que creamos, cuerpo y mente al final son la misma cosa.

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