Aprender pa trás!

Estaba contento, tenía el sol en la espalda, el almuerzo estuvo muy bueno. Contento. Mis amigos ya están empezando a compartir estas historias en sus muros y estoy escribiendo para mucha gente. Entre ayer y hoy ya llevo 800 visitas y hubo una época en la que no tenía hasta ninguna. Incluso anoche me quedé hasta tarde conversando con una flaca bien bonita de ojos como platos, que de azules dan hasta frío. Dijo que me hablaba porque tenía que decirme de puro patuda, que no podía parar de leerme. Así voy llegando a distintas partes, viajando dentro de mi para afuera, a que me lea la gente. Viajero siempre, explorador y aventurero, a aprender y ver que pasa.

Contento también por otro lado en la mañana le di un jugo a mi vieja, pero le traía el regalo, así que con eso por mientras, arreglados. Y tenía que venir a la casa a meter palos, porque o si no, los hubiera tenido que meter mi viejo y me ponía mas contento todavía de puro ayudarlo. Andaba alegre por tener ganas de estar alegre. Así que tenía que volar de ahí bien rápido.

Fui afuera y encendí a la Francisca para calentarla (piensa lo que quieras), pero el Pato me fue a buscar y me pidió que lo acompañara un rato. Yo tenía ganas de partir luego, que el trabajo para mi no es un pasatiempo. Pero me dijo algo que no recuerdo que me hizo sentir mal de marcharme. Fiel a mi voluntad, me quedé con el un rato mientras nos fumábamos algo. Lo sigo queriendo como un tremendo amigo, y ahora mas, que se como es de maricón, penca y entrometido cuando siente tiene que serlo. Pero es el Pato, y es mi amigo. Ahora que lo conozco bien, se de donde puedo agarrarlo.

Nos fuimos con la Francisca por una ruta totalmente diferente, no cachaba bien ni por donde tenía que irme, y todo partió así, como algo nuevo. Doblamos por una curva, y sentí de nuevo eso que significa subirse por primera vez a una moto. En ese momento cuando era una bicicleta demasiado grande, se convirtió en una moto demasiado chica. Tuve esa sensación de un gran poder pequeño que nunca sentí mas que en el de mis piernas. Ese fue un regalo del pato…. volví a sentir el poder que me quitó la moto de mi viejo. Es que si manejai mi moto y luego manejai la moto de mi viejo, es como subirse a un jet de combate. Igual que un jet, pero sin armas.

Volví a sentir como siente el adulto que vuelve a la bicicleta, con esa sonrisa de niño con arrugas.

En una avenida grande, unas niñitas se iban a tirar igual a cruzar la calle aunque pasaran autos. Yo alcancé a esquivarlas mientras les decía con la mente “chiquillas, eso no se hace”, y me dio pena no decirles de veras. Seguí por la calle con esa actitud chacotera media salvaje pero que quiere pasar desapercibida. Me metí por un lado que no cachaba a buscar una cosa que no sabía, y sin serlo expresé la actitud del tarado que está a punto de provocar un accidente por estar pendiente del nombre de una calle. Un cartero en bici me echó la foca, porque no quería adelantarme. Le expliqué lo que estaba haciendo y aproveché de preguntarle la calle. No me pidió disculpas, pero me explicó con cariño la forma exacta para encontrar lo que andaba buscando, y que no dudara de que entre nosotros no había pasado nada. Le di las gracias y me devolví para la casa.

Quise pasar por el centro para volver a sentirme como si fuera un viajero. Me metí por la calle mientras miraba todo de la misma forma en que miras como si te hubieran regalado algo. Sin serlo, venía con esa actitud tarada del turista medio pendejo al que todo le parece interesante, pero un tipo charcha en una moto re-penca, venía detrás mío con ganas de adelantarme y estaba cagado porque había poco espacio y yo venía paseando con el abuelo. Cuando por fin se hizo el gallo para adelantarme, me miró con la cara que se mira a la vieja del taco, y aceleró todo choro para mostrarme como maneja una moto un hombre.

A mi no gustó nada su actitud de mierda, porque yo venía en la buena onda y no soy esa vieja gil que todos conocemos si estamos atrasados. Tuvo la mala suerte de quedar parado en un semáforo a la entrada de la carretera y quedamos los dos uno al lado del otro parados en una luz detrás de varios autos. Lo miré con la cara con la que miras a la vieja del taco cuando dieron la luz y mira, igual que un PacMan, me comí todos los autos por el centro mientras iban avanzando. El debió quedar allá atrás atorado pensando “No hay que juzgar nunca a un tarado”, mientras yo pensaba “Por esta clase de cosas muere la gente estúpida a la que se le ha permitido manejar una moto”. Puse a la Francisca en modo abuelo, y dejé que me pasara el choro de plástico, pero ya no me miró con la cara con la que se mira a la vieja.

La Fran agarró completamente otro tono. El viaje en si, se convirtió en otra cosa. Nada que ver, algo que yo nunca había sentido. Yo creo que es porque voy a vender la moto para comprarme una cámara. Así que estoy guardando todas estas conexiones en forma de emociones concretas que voy a dejar de sentir. Son pequeñas cápsulas de experiencias que vas guardando con anticipación para evitar la nostalgia, que llega…

… que llega… que llega.

Me vine con tanta calma que mi mente viajaba lejos a todas partes, mientras la luz del sol me bañaba con ese calor rico que te va calentando solo por dentro, porque en tu piel hace tanto frío, que la sensación la vas sintiendo crecer como si fuera mermelada espesa que se va esparciendo hacia los codos y las rodillas. El frío es tanto que en mi cara solo se siente la sonrisa y darte cuenta de eso, te da mas risa todavía.

En bicicleta veo pasar dos chiquillas rubiecitas preciosas y me alegré por que ya comienza a entenderse que la bicicleta es mucho mas que el medio de transporte del pobre. Hay un estilo de vida ahí, que empieza a copiarse.

Entré al camino de tierra y me fui de a poco mezclando con todos sus árboles. Alguien se rajó y le metió ripio para tapar todos los hoyos. Pero todo el que maneja sabe que es con ese mismo ripio, cuando quedan las cagadas mas grandes. Iba pasando por un punto igual como el punto por el que estaba pasando la única vez que me caí, pero ahora agarré bien firme la moto y dije que no teníamos por que caernos. Y nos nos caímos.

Entré a la casa todavía despacio, casi sin hacer de ruido. Estacioné la moto y cuando apagué el motor, me di cuenta que la Lilo estaba que se deshacía de contenta y de no poder llorar para no llamar a los otros. No me pude aguantar y la abracé con la misma alegría a quien abrazas cuando ves a alguien que está a punto de llorar solo por volver a verte.

Y la Lilo lloró.

Así que se llenó de perros, y terminé ahí abrazándolos a todos. Incluso a la Pipi, que me tiene tanto miedo porque le tienen prohibido acercarse. Que personajes son todos estos perros.

Me metí a la casa, saludé a mi vieja, le dejé un regalo, agarré la guitarra y compuse un arpegio la raja. Enciendo el computador, pongo Eiti Leda y comienzo a escribir esta historia.

Ahora que ya termino, salgo a jugar con mi tambor y a entrar un poco de leña.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anna dice:

    Hola lindo, te regalo un beso y un gran abrazo, hasta cuando nos encontremos nuevamente,,,

    1. Diño dice:

      Las suspensiones se hacen con puntos y no con comas, aunque se agregue el suspenso de vernos luego.

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