– Yapo, démosle!

Un tarado venía en una moto grande llena de barro, metiendo ruido y haciendo escándalo. Yo me preocupé un poco por tenerlo cerca, porque caché que era de esos imbéciles que aparecen luego por cualquier parte. No pude evitar que se las arreglara para quedar al lado mío, en primera fila cuando nos tocó una luz roja. Le levanté las cejas solo por ser amigable, porque no hacerlo hubiera sido como ignorarlo estando los dos tan pegados.

No se que habría pensado el, al ver que un tipo con cara de pendejo le da un saludo bien aweonao. Pero misteriosamente comenzó a activarse. Yo me quedé mirando al frente, porque no podía verle la cara que estaba escondida detrás de su máscara llena de barro. Pero en la periferia, veía como se paraba y sentaba en su moto y miraba la mía, y luego metía ruido para mirarme de nuevo, igual de nervioso como están dos potros sin silla, separados por un palo al comienzo de la cancha. Y dale con saltar en su moto y mirar la mía y ya me tenía bien tostado.

Me huevió y me huevió y el tarado dale con ofrecerme jugo. Rechazarlo habría sido quedar como el peor pendejo, así que bien copado del tonto ese, puse las patas bien firmes en el suelo, lo miré bien claro y le mandé un par de aceleradas medias weonas a mi moto.

Uy el imbécil ese se derritió y empezó a saltar y picar su moto de mierda esperando una luz verde que no llegaba nunca. Acelerábamos los dos, envueltos en una nube de testosterona y ruido hasta que por fin dieron la luz. En ese momento todo se detuvo y el tiempo se congeló en el silencio.

El tarado aquél aceleró su moto de mierda entre el ruido del infierno que generaba y el humo de sus neumáticos quemados como si la vida que usaba no fuera suya. Ahí lo vi perderse a ese idiota tan saco de weas, antes de meter primera y avanzar despacio como si estuviera en un super y le fuera poniendo cosas al carro.

La media tapa que le hice.

En la otra luz lo pillé de nuevo, y me di el lujo de estacionarme al lado. Lo miro y le levanto las cejas. Detrás de su mascara no le vi la cara, pero se notaba que se estaba riendo.

Cuando dieron la luz, los dos partimos piolita, se acabó el leseo. Pero se cruzó una señora que venía paveando y sin querer, casi nos la echamos al hombro.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Buena, así se hace. El descreste no tiene precio y peor si te hechas a un awueonao que cruza en el “paso de vacas” con la tarasca abierta

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