Del sol y de los muros de escalada.

Por esas circunstancias maravillosas de la vida me quedé toda la noche despierto con unos amigos, y ahora que iban partiendo, alcancé a darme cuenta el amanecer que se nos iba a venir encima, en poco rato y bien luego. Yo tenía en realidad planeado rajar, cortar todo y largar a acostarme, pero la luz del horizonte me hizo recordar al mejor de los atardeceres, así que no pude evitar inspirar a quedarme. Quizá la espectacular energía contenida en el primer rayo de la mañana me quitó las ganas de dormir, pero sin quitarme el cansancio.

Me acerqué al ventanal de cara a las sombras tenues de la mañana, mientras jugaba con el último regalo de mi cumpleaños. El viento empezó a soplar fuerte y la casa entera se remeció como para quitarse de encima el sueño, pero en el pequeño universo en el que me encontraba, se detuvo todo en el tiempo. Fue ahí donde la existencia se convierte en una pausa, y puedes poner la cinta a tu antojo para ver para adelante o para atrás, lo que tengas ganas. Así fue como se fueron apareciendo frente a mi, todas estas experiencias y personas que han ido llegando a mi vida. Puros regalos todos, momentos que valen oro.

Pude reconstruir los pedazos del cumpleaños de la Julieta, incluso en los momentos en los que me había dormido. Porque en el momento de la verdad, cuando las cosas están pasando, el presente en realidad no importa porque ya es pasado, y todas las cosas se hacen obvias permitiéndote la posibilidad de preocuparte de cosas menos importantes como:

– No importa donde estoy, pero es un muro de escalada.

Y mientras los demás se terminaban de tomar lo que a mi ya no me cabía, me trituré los antebrazos por la fuerza que hacía en el juego que se me había ocurrido. Arriba en el techo la lluvia estaba vuelta loca, porque ya no me estaba jorobando y porque estaba mas entretenido jugando a imaginar que aunque a 30 centímetros de altura, tratara de lograr desafíos imposibles como arriesgar mi vida en algún cañón rocoso del himalaya. Cuando los brazos se aburrieron de jugar, me quedé dormido de raja y feliz en las colchonetas a las que caen los porfiados que se confiaron, y mientras mi mente empezaba a viajar mas libre ahora que un cuerpo ya no le molestaba, empezó a imaginar saltos difíciles y atrevidos en un muro de escalada.

Cuando llegué a la conclusión que era un juego muy re entretenido, me dije “Sería la raja despertar y tener un muro de escalada en la casa”. Cuando volvía de mi somnoliento viaje abrí los ojos y me encontré con el muro que se erguía como un mutante extranjero resistiendo el peso de toda la casa, no pude de veras contener toda esa inmensa felicidad del que está agradecido hasta de haberse roto. Me lancé de nuevo al juego, mientras en algún lugar lejano, el mundo se inundaba en alguna parte.

Volví al presente de mi realidad inmediata y me di cuenta lo que había pasado:

El primer rayo de sol había aparecido en el horizonte y proyecté la primera sombra del día.

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