Esa es la lluvia.

Mientras miraba por la ventana hacia ese campo verde infinito que se extiende hasta donde llega la vista que comienza en praderas y termina en bosques, bajo ese cielo cargado de nubes negras que lanzan rabiosas toda esa agua y luego le da espacio al sol para que vuelva a brillar pintando de azul el cielo, pensé que era algo interesante para escribir. Sentía en el suelo la fuerza del agua que va cayendo sobre el techo con ese ruido de galope de caballos en el infierno, y que terminaba cinco segundos después, para darle cabida al sol en el cielo.

Pensaba en la maquinaria tan perfecta que hace que todo ocurra en una sucesión interminable del mismo ciclo. Mira que ya estamos llegando a Agosto, y de ahí a septiembre hay un solo paso. Ahora mismo en la tierra mojada están esperando las semillas, que la primavera ya viene para ponerlas a brotar por todos lados.

La misma lluvia me parece tan la raja, que siento funcionar todo mucho mejor, como uno siente que funciona todo mucho mejor cuando escuchas las olas del mar. La lluvia es un tremendo a toda raja y no, no me siento mal cuando me miran con cara de “saco de wea” al preguntarme si no se me ha ocurrido pensar en todas esas personas a las que se les llueve la casa.

No, no me siento mal. Agradecidos deberían estar de la lluvia, que de no ser por ella nos estaríamos matando unos a otros por el agua. No, no me siento mal. Además se moja solo quien quiere. Es cierto hay pobres y cesantes, pero no debe ser un pretexto para justificar la razón del “¿Por que no has ido a recoger una manga de plástico para poner en el techo de tu casa?”

– Porque soy pobre.

– Si, pero no eres weón.

Yo se que no hay oportunidades para todos, pero las pocas que hay, están para el que las quiera buscar. A nadie le van a ir a golpear la puerta de la casa antes de que se te caiga para ofrecer que te la llenen de nuevo de clavos, mientras estás tirado mirando tele. No, no me siento mal, y se que es difícil, porque yo mismo he sido re-pobre. Solo digo que es fácil tener la actitud de querer mejorar, y hacer un arreglo artesa en el techo con alguna plancha de algo, recogida quien sabe de que parte, antes de ocupar el mismo tiempo en ir a una marcha para exigirle la misma plancha al gobierno. Pobres son los que no quieren cambiar nada. Incluso un abuelo tiene la posibilidad de levantar un dedo para pedir ayuda, y quien no quiere sufrir así de viejo, bien sabio es al ofrecer su mano para ayudarlo.

Vamos a salir adelante cuando aprendamos que en realidad cada uno es el único que puede ayudarse. Bien clarito lo entendieron los japoneses que llevan milenios quemando sus ciudades en batallas y guerras, para que se hayan dado cuenta que los que esperan que el gobierno les levante sus casas, siguen esperando. Basta un terremoto gigante, para remecer el hormiguero y luego de pasado el caos, esa misma mañana ya están todos recogiendo palos en las calles.

Con  la lluvia es lo mismo, pero constante… quien ha vivido un invierno, bien sabe lo que tiene que hacer en verano. Además agradecidos deberíamos estar todos de esta lluvia que cuando pasa, y terminamos todos cagados de frío, nos regala esa sensación hermosa que tienes al llegar a una casa donde tienen el fuego listo y te están esperando con pan. Eso es lo que hace El Sur. Por eso la lluvia, por eso el frío, por eso el pancito en el horno, por eso una tetera siempre en el fuego. Porque uno nunca sabe cuando va a llegar mojado un amigo de lejos.

Esa es la lluvia, la que cruje en los techos, la que rebota en las calles, la que inunda las casas de los pobres. Esa es la lluvia, la que se lleva el barro, la que limpia todos los suelos, la que engorda los ríos, que crea esteros, canales y estrechos. Es de ahí de donde todos sacamos agua, como si fuera fácil. Que es al final, lo único que respetan esos israelitas de mierda, que vienen a Chile a llenar nuestros bosques de basura, pero que nunca he visto indiferentes al agua.

Para el que le molesta todo, la lluvia es un cacho. Como un cacho es el calor, como un cacho es el viento, como un cacho es un temblor. Para el amargado, todo es un cacho. Aunque todo esté bien, hay que encontrar algo por lo que quejarse, y para eso si que son buenos, que a veces cuesta encontrar un pretexto para andar enojado. Yo veo a mi viejo y lo encuentro tan tranquilo, que me da hasta risa verlo siempre con la misma cara, como si fuera una foto que se pega en un telón de fondo con un campo de flores o un maremoto. Aunque no le gusta pasar frío, lo evita al estar preparado, y aunque a veces llega por mucho que uno lo intente, nunca lo he visto quejarse por algo.

Una persona que sonríe cuando llueve, es el mejor signo para encontrar un buen amigo. Sabes exactamente como se va a reír cuando un mal parido en la calle, le pone un tsunami encima al pasar rajado en su auto. Hay esperanza en el mundo, cuando ves a estos seres mágicos disfrutando la lluvia muertos de la risa.

La vida es tan linda como quieres que sea.

… lo que sea.

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