De un flaquito viajero que andaba medio perdido.

el

Venía sentado en la micro y una pequeña montaña de bolsas llenas de cositas del super venía sentada al lado de mi. Hace mucho tiempo que no andaba en micro y las calles se fueron moviendo como una película a través de la ventana que yo miraba. Pero era una película que yo había visto infinidad de veces. Sentía como esa ciudad se movía delante de mi, detrás de toda esa lluvia y yo sabía exactamente lo que venía. Podía predecir con aburrida exactitud cual era la siguiente calle, la siguiente vereda, el siguiente rayado en la persiana de un negocio cerrado, y no me gustó que mi ciudad sea tan familiar.

En seguida me puse a jugar un jueguito donde yo imaginaba no tener idea adonde estaba o para adonde iba, y esta ciudad se convirtió de repente en un viaje en micro entretenido como lo fue cada vez que hacía un viaje en micro en alguna ciudad desconocida muy distante.  Daba lo mismo estar aquí o en Turku, en Finlandia. Eso de sentirse perdido por no cachar nada, y disfrutarlo, es algo que solo se vive cuando estás de viaje.

La micro casi choca porque trató de hacerse la valiente con un semáforo, pero no paso nada porque una frenada mas o menos terrible, nos salvó de estrellarnos contra algo que nunca vi. De todas maneras las bolsas no iban con cinturón de seguridad y volaron cagando hacia adelante. Algunos frasquitos empezaron a rodar entre los zapatitos de la gente y me dio risa porque ahora si que sería un cuento tener que recuperarlos.

Miré por debajo del asiento hacia ese universo visual que solo conocen los niños y los perros, y vi mi tarrito de Nutella molestándole la pierna a una chiquilla, mientras una mano venida del cielo se estiraba para agarrarlo. Volví al mundo real y me senté para ver que pasaba. La situación era muy delicada:

Mis cosas habían rodado por el suelo, estaban lejos y había que molestar a mucha gente en un piso mojado y lleno de barro para recuperarlas. Además en teoría ya estaban perdidas porque al avanzar lejos de mí, habían dejado de ser mías. Me gustó pensar en regalarlas, porque me imaginé a alguien MUY FELIZ de tener tanta suerte para que su Dios le haya mandado un tarrito de Nutella. Me alegré por imaginarme que yo formaba parte voluntaria de ese pequeño milagro domestico y cotidiano. Pero si era un flaite de mierda, parásito de la puta madre, lo iba a defender, porque esos ya se han aprovechado bastante.

Una chica bien bonita con los dientes chuecos y muerta de la risa se levanta de su asiento con mi tarrito de Nutella en la mano. Me levanto también y atorado de risa también le doy las gracias, pero ella me dice”también tengo el otro”, y me pasa mi mantequilla de maní.

Los dejé mejor agarrados esta vez, por si chocábamos de nuevo, y seguí imaginándome un viaje en una de las wawas de Lake Delton en Wisconsin. Yo creo que el universo también me dio un regalo al disfrutar todo esto porque en la siguiente parada, se subió una persona que pasó directo hacia el conductor para hablarle con mucho respeto, como si fuera una persona importante. Yo nunca había visto alguien que trate tan bien a un micrero, y la micro entera se llenó de buena onda.

Le pedía por favor si sabía como llegar al terminal de buses, y le pidió disculpas por la pregunta, porque el no era de aquí, el era argentino y un forastero. El micrero le dijo “yo te dejo cerca, te aviso cuando pare” y después de sentirse en confianza de nuevo, se dio vuelta a buscar un asiento para sentarse.

Era un cachorro nuevo, unos dieciséis años, medio punkyzón, pero de cara buena. Pasó al lado de mí y se sentó en el asiento trasero. Yo me comía la ganas de hablar con el, para preguntarle que onda con su vida y escribir un cuento de una historia entretenida. Me las imaginé todas, pero aunque las ganas eran de hablarle, tampoco quería molestarlo. Así que lo ahuaché un poquito, porque yo también he viajado solo, y se lo que se siente no cachar pa donde vas, ni donde tenís que bajarse. Además es a toda raja cuando en alguno de esos viajes, alguien por cacharme bien pollo y bien perdido, se las haya jugado para hablar conmigo y ayudarme.

Y de ahí salen las mejores historias de todos los viajes.

Le pregunté si iba al terminal de buses. No me dijo nada, pero se rió con la mirada. Le explique tal cual lo que tenía que hacer para llegar derecho a tomar su bus, para seguir su vuelo. Me hizo una pregunta o dos, y se las contesté clarito para dejarlo tranquilo. Cuando llegamos al semáforo le dije: Aquí es donde tienes que bajarte, me dio las gracias y se empezaba a levantar, cuando el chofer para su micro y dice bien fuerte para atrás:

– Aquí es para el que va al terminal de los buses!

El flaco empezó a caminar para bajarse cuando alguien nada que ver le dice: Cruza la calle derecho hasta el fondo, y otra le persona le dice “pero cruza por el semáforo que éste es de tres tiempo”. Iba llegando ya a los escalones para bajarse, un poco aturdido de tanto decir gracias, cuando alguien mas le dice: Son tres cuadras no mas, imposible perderse!

Se quedó parado haciendonos chao con la mano, mientras la micro volvía a avanzar despacio. El tiene que haber aprendido algo grande “Así que los chilenos son tan buenos como en su tierra”. Estaba un poco choqueado de que tanta gente le preocupara que llegara bien y que no se perdiera. Como si fuera un sobrino lejano, que vino de visita y ahora parte de nuevo de viaje.

La gran verdad es que los que aprendimos algo grande fuimos nosotros. Como a jugársela por la capacidad de cargar con buena onda, una micro llena de gente desconocida.

De ahí salen las mejores historias de todos los viajes.

La canción de hoy es “The General” de Dispatch. Es la historia de un general que lleno de cicatrices y medallas, una mañana se levanta de su tienda de campaña a un lado de lo quedó del campo de batalla y se prepara para darle una orden a todos sus soldados que lo miran listos para agarrar el fusil y saltar al fuego. Pero el les dice que dejen la guerra y se vayan para sus casas. Todos lo miran como si estuviera loco, pero el les cuenta que fue a ver a los otros, y son iguales a nosotros.

“No pierdan tiempo, ustedes son jóvenes y tienen que vivir, váyanse están perdonados”.

Disfruten la canción.

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