Esa es la gran razón oculta.

– Te vamos a disfrazar y vamos a ver un freestyle de Hip Hop, me avisaron.

A mi muy atractiva no me parecía la idea de ver a tanto flaquito metido dentro de tanta ropa ancha, pero menos ganas tenía de hacerle el quite a una aventura. Me relajé un poco cuando partimos a carretear a la casa de la Juliette y la perspectiva de ir a encerrarme en el corazón del freestyle hiphopero me pareció un poco mas lejana. Varias horas después, silenciamos los instrumentos y cuando la conversación estaba mas buena, vientos de tormenta nos hicieron recordar que había una cita freak con el Hip Hop. Fui el ultimo en levantarme, apelando al inobjetable designio divino que nos permitiera quedarnos en la casa. Llovía fuerte, había afuera mucho viento, pero no había llegado hasta acá para hacerle el quite a la aventura.

– Si nos vamos a mojar, mojémonos! – Y salimos a la calle jugando a hacer ballet para saltar sobre las calles inundadas.

En la entrada del bar ya había aceptado que sería todo lo que sería, así que me dediqué a interactuar con ese bar, como el lugar que de veras era: Un zoolilógico. Un lugar fenomenal lleno de especies exóticas raras y todas juntas interactuando la raja en caóticas maneras. Cada ser humano, un controvertido puzzle digno de ser analizado, cada gesto, cada sonrisa, cada grito, cada emoción libre o cada emoción reprimida.

Estaba parado mirándolo todo, sintiéndome la raja en un país extranjero escribiéndolo todo en mi cuaderno. Yo se que me veía un poco freak, pero no me importab, considerando que hace rato que me di cuenta que yo no vine a este mundo para tratar de parecerme a la gente. Personas que nunca vi y que jamás veré de nuevo, pasaban cerca de mi, sabiendo que nunca me habían visto ni me verán de nuevo,

Desde mi derecha, alguien me tira una manga. Me doy vuelta, y una chiquilla de cara familiar me miraba con cara de chiste. La barra mental que muestra el progreso de reconocimiento facial avanzaba completando la búsqueda, cuando era evidente que la búsqueda de ella había ya finalizado. Su análisis facial había empezado antes, y tirarme la manga solo fue el medio que usó para otorgar una confirmación positiva.

Estábamos mas o menos a dos metros.

Detrás de su sonrisa gigante, una avalancha marina como un tsunami muy vivo, fue llenando toda su cara de energía modificándola en una inconfundible expresión de extrema sorpresa y alegría que al mismo tiempo de abrirle los ojos, levantaba sus manos como levanta el Condor  sus alas antes de intentar iniciar el vuelo.

Todo eso para preparar un abrazo.

No lo pudimos evitar, nos fuimos encima y nos abrazamos contentos de alegrarnos de estar todavía vivos como si nos hubiésemos encontrado muchos años después de una guerra. Todo tal cual, salvo la guerra. Nos empezamos a contar cosas mientras nos matábamos de la risa. En eso la Rita acordándose de algo, como golpeándose la frente, se mete en la muchedumbre a la que pertenecía. le agarra el brazo a alguien y lo arrastra acercándolo hacía mi. Así queda de pie, al frente mio, mirándome con cara de pescado un flaco bien alto con todas los rasgos determinantes que encuentras en las buenas personas.

– El es, le dijo. Y cuando el la miró de vuelta con los hombros levantados y la inconfundible cara de “¿El es quien?”, ella le responde “El es Diño!”

De un abrazo se me fue encima también, sin yo entender nada. Me envolvía con sus brazos de oso levantándome en el aire, cuando me contaba que era un gustazo por fin conocerme, que había muchas cosas que había publicado y me felicitaba por las cosas que le habían gustado. Yo todavía bien sorprendido de que supiera de mi, dejé que la Rita me pusiera bien los pies en el cielo, en vez de donde los tenía bien puestos en el suelo. Entre los dos me cargaron de una onda tan rica que me costó digerirla por un buen rato.

Me preguntó al final como había llegado ahí, y con los deditos le dibujé una persona caminando. Muerta de la risa me pregunta otra vez “¿¡Pero que es lo que andas haciendo tu aquí!?, y con los brazos bien abiertos le dije “Esto!” y le di otro abrazo bien dado.

– Si no es a esto… ¿a que venimos a todos estos lugares?

Fuimos para nosotros muy especiales durante los años que trabajamos juntos. Ella para mi era una persona que valía la pena que estuviera, por su humor tan simple, tan vivo y tan entretenido. Espontánea hasta en los peores momentos, siempre contenta tirando para arriba a todos los que se hubieran quedado abajo. Cada uno haciendo como aliados nuestra pega que era al final mantener la actitud arriba y siempre positiva la sonrisa.

Ya había pasado un rato y se acababa la música cuando todavía no terminábamos de contarnos nada. Aparece su pololo y nos cuenta que se acabó que se van, que tocaba la retirada. Todavía nos reíamos cuando apareció, así que no me di ni cuenta cuando le pregunté a la Rita “Tu también te tienes que ir?. Tremendo cagazo, me podría haber metido en el tremendo forro, así que lo miré bien derechito a los ojos para que tuviera bien claro que aquí lo único raro es verse de nuevo después de tantos años.

El flaquito cachó el mensaje y me invitó a que me fuera con ellos a probar la tormenta y ver donde nos llevaba. Todo bien, pero yo no podía dejar botada a mi gente, así que nos despedimos con la promesa de volver a encontrarnos luego, quien sabe después de cuantos años.

Porque a esto hay que ir a los bares.

Si no vamos a esto…

¿A que?

¿Tienes algo para decirme?

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